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5. LA COLONIA

                                                                   INTRODUCCIÓN
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                                                      Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.
                                                                                                                           Woody Allen

Después que los españoles descubrieran nuestro continente, a partir de ese momento iniciaron el proceso de conquista, sometiendo las civilizaciones nativas, saqueando sus riquezas, se da una tercera etapa de violencia, La Colonia, época en la cual España se consolida en América a través de diferentes instituciones, por las que se imponen costumbres, religión e idioma a los nativos, los que fueron duramente explotados, causa de millones de muertes. Así la población indígena fue diezmada, por lo que se empezó a traer esclavos de África, de donde se les arrebató por la fuerza.

De África fueron traídos hombres, mujeres y niños para ser explotados al máximo en diferentes actividades, empezando por la minera, la hacienda y hasta los trabajos domésticos. A ellos se les arrebataron su familia, su idioma, sus costumbres, su religión. Varias tribus fueron atacadas para conseguir carne fresca. Con la incorporación de los africanos esclavos a la vida ya existente, de indígenas y españoles, se completó el cuadro del que descendemos, teniendo hoy no sólo sangre indígena, sino española y africana. La mezcla también se dio en costumbres, religión, idioma, teniendo además influencia islámica, por la presencia mora en España, la que se ve en arquitectura, pintura, escultura, entre otras formas de expresión. 

Fue en esa época, donde luego de más de 300 años de sometimiento, se dieron los primeros levantamientos indígenas, de campesinos y de mestizos, lo que llevaría definitivamente a la independencia de imperio español, para darnos nuestros propios gobiernos, que con el tiempo pasarían ya no por la fuerza física, sino por la fuerza de los intereses a ser dependientes, nuevas colonias de otros imperios. En el siglo XIX del imperio inglés, por habernos apoyado económicamente en el proceso de independencia, a través de préstamos, mientras que a partir del siglo XX el sometimiento ha sido al poder de los Estados Unidos, estando pendiente un verdadero proceso de liberación, ese que desde diferentes sectores algunos seguimos construyendo, así sea de manera silenciosa, pero no por ello menos importante.

Es entonces de la Colonia que nos ocuparemos en este capítulo, para ver en contraste con el presente, la influencia que ese periodo todavía tiene sobre nuestra realidad. Ese periodo creo un pensamiento que parece aún hoy tenemos en algunos aspectos, como el formalismo sobre lo realmente importante, el culto por lo extranjero por el que algunos prefieren adoptar costumbres, formas de ser, que son propias de otros países, pero no del nuestro, siendo paulatinamente sumergidos en el consumismo de marcas, pensamiento, música, formas de comportarnos, lo que nos impide construir una verdadera nacionalidad, donde nos sintamos orgullosos de los que somos, de nuestros ancestros, para desde ahí, poder proyectarnos en el futuro, un futuro que debe ser incluyente, no excluyente como hasta ahora.

                    César A. Luque F. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.      
    
                                                LA COLONIA, CONSOLIDACIÓN DE ESPAÑA EN AMÉRICA
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El periodo comprendido entre el siglo XVI y el momento en que nuestros territorios americanos se independizaron de manera definitiva de los países europeos, es el que se conoce como La Colonia. En ese tiempo se impuso el poderío español en territorio americano, imponiéndose las costumbres, idioma y religión que habían traído a América, todo lo que se mezcló con la cultura indígena y después con la africana, lo que sumado hoy somos los que nacimos y vivimos en todo el continente.

Se llama periodo colonial, porque eso fue lo que se dio, que una cultura hizo todas las acciones tendientes para dominar y controlar un territorio distinto al suyo, en suma colonizarlo, construyéndose una sociedad de dos grupos, los dominadores, es decir, los españoles y los dominados, o sea los nativos. En últimas lo que se consolido en ese tiempo fue un modelo económico extractivo, consistente en que los invasores adelantaron una política de mano dura tendiente a apropiarse de todas las riquezas existentes en América.

En este periodo de nuestra historia es que los grupos sociales empiezan a diferenciarse, a tener una posición diferente en la pirámide social. Esa pirámide estaba encabezada por los españoles, seguidos de sus hijos nacidos en América, conocidos como criollos, para seguir con los nativos, los indígenas para estar en lo más bajo de esa estructura social, los esclavos venidos del África. Es en este periodo cuando esos grupos sociales empiezan a mezclarse, lo que hace que aparezcan los mestizos hijos de españoles e indígenas, los mulatos que fueron los hijos de los españoles con los negros, y los zambos que eran los hijos de los indígenas y los negros.

 


Claro que todos los españoles no hacían parte de lo más alto de la pirámide, sino que algunos poco afortunados económicamente, como los artesanos y los comerciantes hacían era parte del segundo escalón social. Mientras tanto en lo referente al territorio donde esta estructura social se impuso, no era todo el territorio de lo que hoy es nuestro país, sino de un territorio realmente pequeño, todo a partir de centros urbanos, esos que nacieron en La Colonia. El campo pasó a estar supeditado a las ciudades, las que eran centro del desarrollo minero. En los centros urbanos era a donde se iba por víveres, descanso, y en general cambio de la vida cotidiana. 

Es en este periodo en el que la población indígena fue duramente diezmada, lo que hizo que trajeran esclavos de África para reemplazar a los indios muertos en el trabajo en las minas y en el campo, y aún en las mismas casas. El despoblamiento indígena se dio a mediados del siglo XVII (1.600). Los ataques contra los indígenas, hizo que algunos de ellos se fueran a territorios de difícil acceso, como montañas, lugares fronterizos, desde donde lanzaban algunos ataques contra los españoles. Los que fueron mayormente sometidos fueron aquellas culturas sedentarias, que ya estaban asentadas en un solo sitio.  

Hechos que parecieran poco dicientes, hoy se pueden tener como de las principales causas de la muerte de gran parte de la población indígena, como la llegada a nuestro territorio de ganado, que redujo de manera drástica el lugar vital en que los indígenas sembraban sus alimentos. También influyó la sustitución de que fuera objeto el maíz, como el principal alimentos de los nativos, mientras que los españoles tenían como su principal alimento al trigo, pero lo más grave fue la llegada de enfermedades contra las que los indígenas no tenían defensas, pero también el exceso de trabajo a que fueron sometidos, hombres, mujeres y niños, sin distingo alguno. En general condiciones de sometimiento que la gran mayoría no pudo superar, muriendo. Todo buscaba darles gusto a los amos venidos de Europa, que únicamente querían sacar las riquezas que nuestro suelo tenía.

Para someter a los nativos, pero a la vez para sacar el máximo provecho, se implantaron diferentes instituciones creadas en España, para explotar a los nativos lo máximo posible, aunque algunas normas sostenían su protección, esa que solamente existía en las normas, pero no en la realidad. De esas instituciones se destacaron las siguientes:

a) El Rescate: Se dio principalmente en la época de la conquista. Este mecanismo de explotación consistía en que por las riquezas en oro, plata, níquel y los alimentos, los españoles les daban a los nativos, baratijas, espejitos, cosas sin valor, aunque muy vistosas.   

b) La Encomienda: Fue creada en 1503, y consistía en la forma más eficaz de explotar a los indígenas, por la cual a un español (encomendero) se le entregaba una comunidad indígena, para que los evangelizara y a cambio obtuviera de ellos su trabajo, bien fuera directamente o a través de la creación de altos tributos, debiendo el encomendero pagar un tributo a la Corona.

c) Reales Audiencias: Para controlar a los encomenderos fueron creadas las Audiencias como tribunales de justicia, que estaban integradas por funcionarios llamados oidores, encargados de administrar justicia. En nuestro territorio fue creada la Real Audiencia de Santafé de Bogotá en 1550. También las Reales Audiencias cumplían funciones administrativas.

d) Mita: Por esta forma de dominación se le imponía a una comunidad dar un determinado número de trabajadores, por un tiempo, también determinado. Aunque recibían una paga, esta no justificaba el gran esfuerzo a que eran sometidos.

e) La Visita: Era una figura por la cual se quiso controlar a los encomenderos, consistente en la visita que hacían unos agentes de la Corona a examinar las condiciones en que el encomendero tenía a sus indios, buscando que no los sobreexplotara, para que no murieran jóvenes. Pero también ese visitador buscaba esclarecer el tributo que debían pagar los encomenderos. El visitador debía dar un informe de su visita a la Corona, pero también debía dictar sentencia respecto del investigado.

f) Corregidor de pueblos de indios: Se instituyó como tutor de los indios, para que no permitiera los excesos de los encomenderos, lo que en la práctica resultó, más grave la cura que la enfermedad, ya que muchos de ellos eran peores que los propios encomenderos.

g) Cabildo: Institución urbana. Reunión de los pobladores para discutir un tema que les interesaba, y les podía afectar cuando las autoridades tomaran una decisión al respecto. No en todas las ciudades se desarrolló de la misma forma. Sus integrantes a partir del siglo XVI eran elegidos el 1º de enero por los miembros del Ayuntamiento (Hoy Concejo Municipal), los que a la vez, podían cesar en sus funciones a sus miembros. La elección hecha debía ser confirmada por el virrey, el gobernador o sus delegados. 

Por la mitad del siglo XVI los cabildos estaban integrados por tres tipos de personas: los dos alcaldes ordinarios, que individualmente desempeñaban funciones judiciales; un número variable de regidores (iban de cuatro a doce dependiendo la importancia de la villa, pueblo o ciudad); y ciertos funcionarios públicos que por sus títulos hacían parte de ellos, como los oficiales reales de hacienda, el alguacil mayor que debía presidir el cabildo. Ellos dejaron de hacer parte de los cabildos a principios del siglo XVII. 

Para ser miembro de un cabildo se requería ser vecino de la localidad, por lo que debía tener “casa poblada”, lo que significaba ser padre de familia, propietario y tener domicilio en el lugar. Por lo tanto no podían ser miembros de los cabildos los hijos de familia, los que no fueran vecinos del lugar, los sacerdotes, obviamente tampoco las mujeres, los pobres, los indios y los esclavos, quienes estaban excluidos de todas las formas de poder.

No todos los cabildos eran iguales, así existieron cabildos abiertos, donde podían participar todos los ciudadanos, mientras que existían los cabildos extraordinarios, que eran aquellos donde sus integrantes era un grupo exclusivo de personas, por lo general las más prestantes de una villa, pueblo o ciudad. Por eso la importancia de la petición que hacía la gente el 20 de julio de 1810, día reconocido, como el de nuestra independencia, que pedía la convocatoria de un cabildo abierto, pero los que dominaban la revuelta, los ricos de la época, los señoritos, hijos de españoles nacidos en América, solo convocaron un cabildo extraordinario.

h) Virrey: Representaba en América a la monarquía española, era el cargo más importante del gobierno español en sus colonias, uno en cada uno de los virreinatos creados. Para el caso nuestro, en 1717 fue creado el virreinato de la Nueva Granada, el que fue disuelto apenas unos años después, en 1723, para ser vuelto a crear en 1739, superviviendo hasta 1810 cuando se dio la revuelta que buscaba, más que la independencia, la autonomía.


                                                                   CASAS MONÁRQUICAS ESPAÑOLAS
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Durante el tiempo que duró la Colonia fueron tres las Casas Reales que gobernaron España, representadas por diferentes monarcas. No todas las Casas Reales le dieron el mismo tratamiento a sus colonias, pero mucho menos sus monarcas. Así los Reyes Católicos, los que patrocinaron el descubrimiento, solamente tuvieron dos monarcas, Fernando I de Aragón y su reina consorte, Isabel de Castilla, siendo heredados a medias por su hija, Juana, apodada “La Loca” casada con el malogrado rey, Felipe I de Castilla, conocido como El Hermoso, dando paso a la siguiente Casa Real, a través de Carlos de España, también Emperador de Alemania. Bajo sus reinados es que se dieron las primeras reglas para adelantar la Colonia.

Es bajo el mando de la Casa Real de los Austrias, que va desde 1516 con la llegada al poder de Carlos, hasta 1700 cuando su periodo terminó con el reinado de Carlos II, El Hechizado, quien no dejo descendencia, lo que hizo que su sucesor fuera su sobrino nieto, a la vez nieto de Luis XIV rey de Francia, Felipe V, El Animoso, quien tuvo un largo reinado hasta 1746 ya bajo el mando de la Casa Borbón, por su descendencia francesa. Este reinado tuvo una breve interrupción en 1724 cuando Felipe V abdicó a favor de su hijo, Luis I, El Bien Amado o el Liberal, que apenas gobernó por 229 días, gobierno que se vio interrumpido por su muerte, para darle paso nuevamente a su padre en el uso del poder en la península.

Es bajo el reinado de la Casa de los Borbones que se dan unas importantes reformas en el manejo de las colonias, muchas de las cuales se convertirían en chispa que encendiera la conflagración de la independencia, la que empezó con los levantamientos indígenas que se dieron a finales del siglo XVIII, hasta que en el siglo siguiente esas revueltas se ampliaron, logrando para los hoy países de América, la independencia de la Corona española, tras importantes guerras en que muchos guerreros patriotas ofrendaron sus vidas, lo que debería ser suficiente para que las generaciones presentes, defendiéramos nuestra independencia, hoy en peligro ante otro imperio, el estadounidense, pero también frente a otro imperio que avanza de manera rápida sobre nuestras cabezas, el imperio de las multinacionales, que tiene puestos sus ojos, no en una colonización cultural o política, sino económica, que les permita de una parte saquear nuestros recursos naturales y nuestras materias primas, y de otro lado, convertirnos en objeto del consumismo, vendiéndonos, ya no como en el descubrimiento, espejitos, sino otras chucherías.

Es durante la Colonia que los gobiernos reales de España imparten muchas órdenes respecto de la forma como se debían manejar los asuntos de ultramar, la gran mayoría codificadas en normas (leyes), que expedidas en la península, aquí en América no eran cumplidas, bajo el adagio de se “cumple pero no se acata”, pensamiento que parece ha perdurado incluso más allá de nuestra independencia, ya que ahora, son nuestros legisladores y gobernantes los que expiden y promulgan infinidad de leyes, que ni son conocidas por los ciudadanos, pero mucho menos cumplidas. Aquí se ha pregonado de manera equivocada que la fórmula para solucionar cualquier problema, es expedir una ley, cuando esta debía estar era para regular las relaciones que se dan en la sociedad, no imposiciones inconsultas, que nada soluciona, sino que más bien puede convertirse en otro problema más.

Veamos las tres Casas Reales que gobernaron España durante la Colonia:
a) Casa Real de los Reyes Católicos (1492 -  1519)
b) Casa Real de los Austrias (1519 – 1700)
c) Casa Real de los Borbones (1700 – 1818) 

                                                              CASA REAL DE LOS REYES CATÓLICOS
Siendo bajo su mando que se dio el descubrimiento de América en 1492, fueron ellos a los que les correspondió realizar las primeras normas que buscaban regular las relaciones de la metrópoli (España) con sus colonias. Esas normas empezaron con las llamadas Leyes de Burgos, por haber sido expedidas en la ciudad de Burgos, el 27 de enero de 1512. Por ellas se buscaba organizar la conquista de nuestro continente, debido a las múltiples quejas que había recibido la Corona española de cómo se estaba llevando a cabo esa etapa. Esas normas fueron redactadas por la Junta de Burgos integrada por teólogos y juristas de la monarquía. Esas normas tuvieron unos principios, la mayor de las veces incumplidos:
-    Los Reyes Católicos eran el mayor exponente católico para los indios, a quienes debían evangelizar.
-    Los indígenas tenían libertad de sus vidas.
-    Posibilidad de obligar a los indios a trabajar en trabajos tolerables.
-    Se justificaba enfrentarse a los indios si no se dejaban evangelizar.
-    Se creó el requerimiento, para que fuera cumplido por los indios.

La Real Audiencia se impuso no solo para que resolviera las controversias jurídicas que se dieran en su jurisdicción, sino también para gobernar. En el Nuevo Reino de Granada lo hizo hasta 1564 cuando gobernaban los Austrias, tiempo en que se creó la figura del Presidente, institución que se mantuvo hasta 1717, cuando ya gobernaban Los Borbones, bajo cuya egida se creo el Virreinato de la Nueva Granada, el que sobrevivió hasta que se dio la independencia.

                                                          CASA REAL DE LOS ASTURIAS o HABSBURGO
La sucesión de los Reyes Católicos a la dinastía de los Habsburgo o los Austrias, como se les conoció por proceder de Austria, se dio cuando la hija de los Reyes Católicos, Juana no pudo gobernar, debido a su locura, lo que hizo que se conociera como Juana “La Loca”. Así el poder en Castilla pasó a manos de su esposo, Felipe de Habsburgo, conocido como Felipe I, El Hermoso, hijo del Emperador del Sacro Imperio Romano Maximiliano I y María de Borgoña, el que fue reconocido en 1506 para gobernar Castilla, mientras su suegro Fernando de Aragón, ya que su suegra Isabel ya había muerto, mantiene la corona de Aragón. Felipe I murió el mismo año que llegó al gobierno, aparentemente envenenado por orden de su suegro. Cuando Felipe murió, su hijo apenas tenía 6 años, por lo que Fernando de Aragón pudo gobernar como regente de su hija Juana y Carlos su nieto.
 
A la muerte de Fernando El Católico, es su nieto, hijo de Juana y Felipe, Carlos I de Castilla y Aragón, el que llega al poder, ese que además había logrado por la temprana muerte de padre en Flandes o los Países Bajos, donde nació y creció. Al morir su abuelo paterno en 1519, Maximiliano I, le dejo de herencia los territorios Habsburgo de Alemania, siendo ese año elegido como Emperador alemán, recibiendo el nombre de Carlos V. Sin embargo, no pudo ser titular del poder en Castilla sino hasta que su madre murió en 1555, aunque era él quien ejercía el mando. Así acumuló un gran poder, tras unir cuatro casas reales europeas: la de Borgoña (1506), Austria (1519), Aragón (1516) y Castilla (1555), con lo que formó el Imperio Español, poder que dividió entre dos, su hermano Fernando I de Habsburgo y su hijo Felipe II, teniendo la Casa de los Austrias dos ramas, la que siguió gobernando en Madrid a España, y la que lo siguió haciendo desde Viena a Austria, Casa Real que gobernó ese país hasta 1918. Carlos I, El Emperador debió superar varias guerras, convirtiéndose en el hombre más poderoso de su tiempo. Su poder era inversamente proporcional al número de sus enemigos.

Francia era el principal enemigo de Carlos I, pasando a ser también de sus enemigos el papa Clemente VII, después que sus ejércitos saquearan Roma en 1527, jerarca religioso que sin embargo, le tenía miedo, como lo demostró cuando se negó a darle el divorcio a Enrique VIII de la tía de Carlos I, Catalina de Aragón, lo que originó el nacimiento de otra iglesia, la Anglicana, regentada por Enrique VIII. La paz entre Clemente y Carlos se firmó en 1529. Para atacarlo en 1543 Francisco I, rey de Francia, se alió con el sultán otomano, Solimán, El Magnífico, ocupando la ciudad de Niza. A la par Carlos se unió a Enrique VIII de Inglaterra. Los españoles salieron derrotados en la Batalla de Cerisoles en Saboya, mientras Enrique logró que Francia capitulara. Los austriacos del hermano de Carlos, Fernando siguieron luchando contra los otomanos, mientras él se pudo ocupar de un enemigo más antiguo, la Liga de Esmalcalda, la que luchaba al lado de los campesinos alemanes, que impulsaban la reforma protestante, cuando Carlos era el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y defendía a la Iglesia Católica. Carlos invadió entonces a Alemania buscando la unidad imperial.

En 1555 sin lograr la victoria total debió capitular con los estados protestantes de Aubsburgo, reconociendo la libertad religiosa para los alemanes, esa que obviamente nunca aceptaría para España, donde La Inquisición estaba para defender la fe a través de la violencia. 

La segunda mitad del siglo XVI sirvió para que en Francia se dieran varios levantamientos, lo que indirectamente favoreció a España, ya que dejó de competir con ella. Los Austrias siguieron defendiendo la fe católica, tal como lo muestra la frase del sucesor de Felipe I, su hijo Felipe II: “Antes preferiría perder mis Estados y cien vidas que tuviese que reinar sobre herejes”.

A la par en nuestro continente, ya se había dado el sometimiento de varias civilizaciones, empezando por los aztecas, incas y chibchas. Teniendo dominado a gran parte del continente, el Imperio Español paso a depender de los minerales que nos saqueaban, especialmente oro y plata, en lugar de impulsar su economía. Eso hizo que el modelo feudal se mantuviera en la península, mientras el resto de Europa estaba en la transición hacía el capitalismo. En 1571 los españoles, comandados por el hijo ilegitimo de Carlos I, Juan de Austria, derrotaron a la flota otomana en la Batalla de Lepanto, una gran batalla naval, la que es conocida en nuestro medio porque fue en ella donde Miguel de Cervantes, el autor de Don Quijote de la Mancha perdió el movimiento en la mano izquierda, siendo conocido desde entonces como el Manco de Lepanto.

En 1580 al morir el monarca Enrique de Portugal, Felipe II reclamó derechos sucesorios, teniendo que enviar un ejército liderado por el Duque de Alba a Lisboa, quedándose con el poder de Portugal en África y Asia. En 1586 la reina Isabel I de Inglaterra apoyó la causa protestante de los Países Bajos y Francia, mientras Sir Francis Drake hostigaba intereses españoles en el Caribe y el Océano Pacífico, además de atacar Cádiz. En 1588 Felipe II envió a atacar Inglaterra, la Armada Invencible. La armada estaba integrada por 130 barcos, de los que solamente volvieron aproximadamente la mitad, después que unos 20.000 españoles fallecieran en la batalla y otros por el mal tiempo al regreso. Entonces los ingleses atacaron, siendo repelidos, recobrando el poder naval.

Para ese momento los Austrias tenían como su gran enemigo a Inglaterra, por lo que ante la muerte del rey de Francia, Enrique III, España invadió a los galos para impedir que Enrique IV, el primer rey Borbón en Francia, se convirtiera en rey. Así España invadió a Francia en 1590. Con tanta batalla España se arruinó, quedando en la quiebra en 1596, debiendo dos años después firmar con Francia un acuerdo de paz, reconociendo a Enrique IV, recién convertido al catolicismo. En 1604 el tratado fue con Inglaterra, cuando era rey en la isla el Estuardo, Jacobo I.

Contrario a lo que se pudiera pensar, España en el tiempo de paz no pudo organizar sus finanzas, desorden que favoreció a Holanda, ya que mucho de lo que llegaba de América debía ser pagado a los bancos por los préstamos recibidos. Esa situación es la que en el libro Las venas abiertas de América Latina el uruguayo Eduardo Galeano, califica respecto de España: “unos tienen la vaca y otros se toman la leche”, para significar que España nos explotaba, pero a la vez era explotado económicamente por los que le habían prestado, especialmente los banqueros holandeses, volviendo nuevamente a las batallas, aduciendo que: “Dios es español y combate con nuestra nación estos días”. 

En 1627 la economía de Castilla se vino a pique, ya que habían estado devaluando la moneda para enfrentar la guerra, dándose en los precios de los productos una gran inflación. Como resultado de la crisis monetaria en Castilla se volvió al trueque hasta 1631, lo que hizo que el imperio español dependiera de sus colonias en América, donde cobraban impuestos. Los holandeses que si habían aprovechado el tiempo de la paz, tenían una armada que atacó de manera devastadora el comercio marítimo español, además del portugués, del que España dependía. Así los españoles se vieron ante un gran peligro.

Los catalanes, napolitanos y portugueses apoyados por Francia se levantaron contra el rey de España en 1640, quien firmó finalmente un acuerdo de paz con los holandeses en el llamado acuerdo de Paz de Westfalia, que acabó la Guerra de los ochenta años y la Guerra de los treinta años. La guerra con Francia duró once años, lo que siguió menoscabando la economía de los españoles. En la batalla de las Dunas los españoles pierden con Francia, teniendo que firmar un pacto de paz, el de Paz de los Pirineos en 1659, por el que cedió Rosellón, Conflent, Vallespir, parte de Cerdeña, Foix, Artois, parte de Lorena y otros lugares más. Los portugueses también atacaron a los españoles, los que sumidos en sus guerras no pudieron responder, debiendo luego de muchas luchas, reconocer la independencia portuguesa en 1668.

Los españoles volvieron a ser derrotados en 1690, cuando tropas francesas comandadas por el duque de Luxemburgo, les arrebataron los Países Bajos españoles, que fueron ocupados. De esta manera el gobierno español demostró lo inepto que era. Al finalizar el siglo XVII España estaba debilitada, y estancada económicamente, mientras el resto de Europa avanzaba.

Gobernando Carlos II, El Hechizado, por sus múltiples defectos físicos, al morir no tenía hijos, por lo que decidió que el trono pasara al príncipe Borbón, Felipe de Anjou, en lugar de alguien de la familia, la que sólo lo había atormentado. Sus últimos años de gobierno se caracterizaron por la locura del monarca, por las presiones políticas y la intrigas a su alrededor. En 1700 murió Carlos II, finalizando con su vida, el gobierno de la Casa de los Austrias, para darle paso a la Casa Borbón, cuando en su testamento designó su sucesor, designación que generó una guerra, la guerra de sucesión.

 

De esta manera los españoles demostraron que el oro y los demás metales que saquearon, no les sirvió para convertirse en una gran potencia, porque su burocracia dejó caer la economía. Incluso la explotación minera fue entregada al sector privado, al que por eso se le cobraba el “quinto real”, que era la quinta parte del metal encontrado, impuesto que era cobrado a través de la Casa de Contratación de Sevilla, bajo la dirección del Consejo de Indias. Una ola inflacionaria afectó a España por la deuda, ya que casi todas las tierras se hicieron a crédito. Para que no les robara la piratería sus cargamentos de metales preciosos de América, fueron creados sistemas de escoltas, llamados flotas del tesoro. Contra los barcos españoles existía una gama de piratas holandeses, franceses, e ingleses, e incluso también piratería berberisca.

Los grandes males de los españoles, hizo que algunos monarcas no se preocuparan mucho de las colonias, las que eran manejadas por los virreyes, que tenían una importante autonomía. Los Austrias consideraban a las colonias sociedades feudales, en vez de parte de España. En los reinados de Felipe III y IV la economía española decayó, volviéndose poco competitiva, permitiendo a la Iglesia adquirir mayor poder. Además de la Iglesia, unos pocos terratenientes se fueron apoderando del territorio de Castilla.

Fue durante el reinado de los Reyes Católicos y la Casa de los Austrias que España vivió lo que se ha denominado, el siglo de oro en el campo de las artes y las letras, que abarcó el periodo comprendido entre 1492 y 1650, tiempo donde hicieron aparición en el campo artístico personajes como Doménikos Theotokópoulos, conocido como El Greco, que significa el griego, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, conocido como Diego Velázquez  y Francisco de Zurbarán  en el terreno de la pintura, mientras en la literatura descollaron Garcilaso de la Vega , Miguel de Cervantes Saavedra , Luis de Góngora , Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, conocido como Francisco de Quevedo , fray Gabriel Téllez que escribió bajo el pseudónimo de Tirso de Molina , Félix Lope de Vega y Carpio  y Pedro Calderón de la Barca , mientras en América, aunque un tiempo después, en Nueva España se destacaba en la literatura, Sor Juan Inés de la Cruz  y en la Nueva Granada, en la pintura Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos .

                                                                    CASA REAL DE LOS BORBONES
Al llegar al poder en España, Felipe de Anjou, francés, que adoptó el nombre de Felipe V, El Animoso, fue la Casa Borbón la que llegó al poder. Esa dinastía procede de la localidad francesa de Bourbon-l´Archambault, siendo una de las ramas de la Casa de los Capeto, llegando a reinar en Francia hasta 1789 cuando se dio la Revolución, evento libertario en el que fue ejecutado Luis XVI en 1792, y la muerte en 1795 de su hijo Luis XVII, monarquía que se restauró en 1814, cuando un hermano de Luis XVI llegó al trono, bajo el nombre de Luis XVIII, después que cayera Napoleón I Bonaparte.

Habiendo llegado a España Felipe V, como cercano familiar de Carlos II, los Borbones ampliaron su poder monárquico, lo que hizo que Inglaterra, las Provincias Unidas y el Sacro Imperio impugnaran el testamento de Carlos II, y declararan la guerra, que se conoce como de Sucesión, la que terminó con el reconocimiento del monarca designado, eso sí, luego de haber renunciado a los derechos al trono de Francia, la perdida de los territorios de italianos y los flamencos.

Esta Casa Real representada por Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV adelantó una serie de reformas en todos los aspectos, buscando poner a España en un lugar de privilegio, debido a que hasta entonces, había era caído en una profunda crisis.

Felipe V y la segunda reina consorte, Isabel de Farnesio les dio tronos en Italia a sus hijos, lo que dio nacimiento a la rama Borbón – Sicilia. Son los monarcas Fernando VI y Carlos III los que llevaron a cabo las reformas planteadas por esta casa monárquica, ya que el siguiente monarca, Carlos IV, fruto de consejas y conspiraciones de su hijo, tuvo que abdicar a favor de este, el que se convirtió en Fernando VII, bajo cuyo reinado es que se da la independencia de la gran mayoría de las colonias americanas, cuando se dio la ocupación de los franceses a la península, primero de Portugal y después de España.

La Casa Borbón adelantó las llamadas Reformas Borbónicas en lo político y en lo económico, buscando poner a España en una posición más ventajosa respecto de sus rivales, Inglaterra y Francia. Para eso requería sacar el mayor provecho a los recursos que obtenía en sus colonias americanas, impulsando en lo interno un insípido proceso de manufacturación, siendo Carlos III el monarca que las puso en práctica. Por esas reformas se intentaba reorganizar el imperio tanto en la península, como en las colonias americanas.

Las reformas fueron hechas a mitad del siglo XVIII en todo el Imperio español, para actualizar la economía y el Estado. En América se disponían a recuperar el manejo directo de los sectores productivos, empezando por la minería, que habían sido entregados a particulares por los Austrias. Así intentaban modernizarse, sin crear nuevas instituciones, sino modificando las existentes, todo bajo el lente de despotismo ilustrado, y como una forma de responder a los avances de Inglaterra en el campo de la industrialización, captación de mercados y rutas comerciales, lo que sumado debilitaba a España.

Las reformas apuntaron a dominar la agricultura, la industria, el comercio, el arte y el conocimiento en las colonias, debatiéndose entre el proteccionismo y el libre comercio. Finalmente se mantuvieron las restricciones comerciales con las colonias, pero se suprimió el monopolio con Sevilla y Cádiz. Para algunos productos manufacturados se liberaron los derechos de salida de la península y los de entrada a América. Se negó el tráfico con puertos que no fueran de España. Se fortaleció el monopolio español, permitiendo el comercio desde trece puertos en la península, con veinte en América.

El encargado de promover las reformas en América fue el visitador de Nueva España José de Galvez, mientras en la Nueva Granada el reformador fue Gutiérrez de Piñeres, quien dedicó sus esfuerzos a debilitar a cualquier individuo o corporación que pudiera competir con los poderes soberanos, eliminando cualquier privilegio, el que iba en contra de la Corona española.

A través de ellas se restringió el poder político de los criollos (españoles nacidos en América), impidiendo que pudieran llegar a los cargos públicos más importantes, para que los poderes locales no avanzaran. Los cargos que ocupaban algunos criollos ilustrados, fueron ocupados por españoles venidos de la península. La iglesia también fue tocada por la reformas, atacando sus privilegios acumulados. Se prohibió la fundación de nuevos conventos en América. Las fuerzas militares fueron fortalecidas, para poder enfrentar a los particulares que fueran afectados por las reformas. A ellas podían pertenecer criollos, españoles, pardos y mestizos. En 1767 fue expulsada de América la Compañía de Jesús.  

En desarrollo de las reformas se crearon las intendencias como jurisdicción político – administrativa, teniendo como sus directores a los intendentes o los gobernadores generales. Se creó en 1776 el cargo de Regente, para quitarle poder al virrey.

En el campo económico las reformas tendían a mejorar y ampliar la extracción de los metales preciosos (oro, plata, níquel) y materias primas, para que con su valor se pudiera desarrollar en la península, la agricultura y el sector de la manufactura, antecedente de la industria. Se impulso el conocimiento, como forma de optimizar la explotación. Fueron contratados expertos alemanes en minería, para que hicieran cambios técnicos en la explotación minera .

Igualmente por estas reformas se buscaba intensificar el comercio entre las colonias y la metrópoli (España), que con el incremento en la explotación minera, el fortalecimiento de la manufactura ibérica a partir de la producción de nuevas materias primas en América, recaudo de más impuestos, al modernizarse los controles. De esta forma se estrecharon los lazos de dependencia de las colonias americanas respecto de la metrópoli.

A consecuencia de las reformas borbónicas se dieron los primeros levantamiento en América, descontentos muchos, por las cargas impositivas impuestas, el monopolio, y la prohibición de cultivar algunos productos, especialmente el tabaco, como una forma de proteccionismo español. Eso en últimas engendraría la chispa de la libertad.

Así en el periodo de la Colonia se fue creando un inmenso entramado de normas, el que fue bautizado como “rabulismo”, situación que fue aprovechada por una especie de casta, los que se llamaron “golillas”, que eran los que vivían de los pleitos. Las normas españolas, contrario a lo que se pudiera pensar, no fueron eliminadas al momento de la independencia, sino que muchas fueron ampliada su vigencia más allá de la separación de España. Muchas normas españoles perduraron hasta 1887, cuando por la ley 153 se dijo que todas las normas españolas perdían su vigencia.

                                                                  REYES DE ESPAÑA EN TIEMPO DE LA COLONIA
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Durante el periodo colonial gobernaron España reyes que llegaron al poder de manera distinta, de diferente temperamento, acción política, pertenecientes a las tres casas reales, que son los siguientes:
 


                                            VIRREINATOS. DIVISIÓN ADMINISTRATIVA DE AMÉRICA
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La organización administrativa impuesta en América no fue uniforme, sino que cambio de acuerdo a quienes gobernaban España. Así quien recibió el título de virrey para nuestro continente por primera vez fue el descubridor Cristóbal Colón, además del cargo de Almirante de la Mar Océano. En 1511 el nombrado fue su hijo, Diego Colón. Este cargo dejo de ser hereditario en 1535, cuando fue creado el Virreinato de la Nueva España, que tenía como el centro de su poder a México, siendo su primer virrey Antonio de Mendoza. En 1542 fue creado el Virreinato de Perú. El primer virrey del Perú fue Blasco Núñez de Vela. Esas creaciones se dieron bajo el gobierno de la Casa Real de los Austrias, para quienes el cargo de virrey debía ser para hombres de gran alcurnia, por lo general militares.

El virrey se convertía así en el representante personal del Rey de España. Sus recibimientos se desarrollaban en ceremonias muy solemnes, contando con una guardia personal.

Los dos virreinatos de la Casa de los Austrias o Habsburgos, tuvieron la siguiente permanencia temporal, además de su área de influencia:

- Virreinato de la Nueva España (1535 a 1821). Abarcó la parte conquistada por España en Norteamérica, Centroamérica hasta Guatemala y Filipinas en el continente asiático.
- Virreinato del Perú (1542 a 1824). En su primer periodo alcanzó a cobijar desde lo que hoy es Panamá hasta el Cabo de Hornos, excepto Venezuela que pertenecía a la Real Audiencia de Santo Domingo en la Isla La Española, que hacía parte del Virreinato de la Nueva España.

 
La llegada al poder de la Casa Real de los Borbones, la que se mantiene hasta hoy en España, luego de la muerte del monarca Carlos II, nuestro continente fue redistribuido administrativamente, ya no en dos virreinatos, sino en cuatro. A los dos existentes, Nueva España y del Perú, se unieron el Virreinato de la Nueva Granada creado en 1717, y el Virreinato del Río de la Plata creado en 1776, teniendo como primer virrey a Pedro de Cevallos, quedando la división así:

- Virreinato de la Nueva España (1535 a 1821). Mantiene sus dependencias.
- Virreinato del Perú (1542 a 1824). Reduce sus dominios de manera drástica.
- Virreinato de la Nueva Granada (1717 a 1723 momento a partir del cual fue creada la figura del Presidente, volviéndose al virreinato en 1739 a 1810). Agrupó el territorio de la capitanía de Venezuela, de Quito y el Nuevo Reino de Granada. Su territorio antes hacía parte del virreinato del Perú.
- Virreinato del Río de la Plata (1776 a 1811). Cobijaba el territorio de lo que hoy son Chile y Argentina, parte de Paraguay y Uruguay.

Además de los virreinatos españoles, el resto del continente era ocupado por el territorio dominado por los portugueses en el Brasil en el sur, y el dominado por los ingleses y en menor medida los franceses en lo que sería luego Estados Unidos y Canadá.

Para la Casa Real de los Borbones el cargo de virrey debía ser para hombres de la clase media, generalmente funcionarios de carrera que fueran letrados.

                                                         VIRREYES DEL VIRREINATO DE LA NUEVA GRANADA
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                                                                               RASGOS DEL PERIODO COLONIAL
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El periodo de la Colonia sirve para imponer una serie de rasgos propios de la cultura invasora, que hoy hacen parte de nuestras vidas, sin que muchas de las veces, seamos concientes de esa influencia, la que unas veces ha sido para bien y otras para mal, estando obligados quienes creemos que podemos transformar al país, en repetir las buenas influencias, y erradicar las malas.

                                                                 LA FORMA DE LAS CIUDADES
Entre la imposición de las costumbres, se impusieron los lineamientos para hacer las ciudades, similares a las españolas, a partir de la plaza, que es el centro del poder. El diseño era en forma de cuadrícula, implantándose que una cuadra debía medir cien metros, así como el sentido en que debían ir las calles, de oriente a occidente, y las carreras de norte a sur. Las calles debían ser de 7 metros de ancho, y las carreras de 10 metros.

A partir de la plaza se iba organizando la ciudad. En el marco de ella debía estar la iglesia, y las instalaciones de la administración. Alrededor se iban ampliando las ciudades, teniendo una posición económica más importante, quienes vivían más cerca de la plaza. Entre más lejos, menos importancia económica tenían los moradores de las casas construidas en las ciudades.

En Santafé de Bogotá alrededor de la Plaza Mayor, hoy Plaza de Bolívar se construyó la que hoy es la Catedral Primada de Colombia en el costado oriental. Además estaban allí el Cabildo y la Real Audiencia, saliendo de dicha plaza la carrera más importante por entonces, la que hoy es la carrera séptima, entonces Calle Real. Actualmente alrededor de la Plaza de Bolívar, además de la Catedral, se encuentran el Capitolio Nacional al costado sur, sede del Congreso de la República, el edificio Liévano, sede de la Alcaldía Mayor de Bogotá, en el costado occidental, y el Palacio de Justicia, sede de las altas cortes, Corte Constitucional, Corte Suprema de Justicia, Consejo de Estado y Consejo Superior de la Judicatura, en el costado norte. Este palacio fue el que remplazó al que desapareció por el incendio que se produjo en la toma que hizo el grupo guerrillero M – 19 en noviembre de 1985.

                                                                  EXPEDICIÓN BOTÁNICA
Este proyecto sin lugar a dudas, el primer proyecto científico en nuestra tierra sirvió para despertar en muchos de sus participes el amor por el conocimiento, por la ciencia, esa que sirve para avanzar, para mejorar la vida de los seres humanos, cultivando ellos también un pensamiento propio, ese que nace de conocer, de saber, que sirvió como la base del pensamiento independentista que nos permitió sacudirnos el yugo español.

Fueron muchos de quienes participaron en este proyecto científico, los que a la vez participaron en la gesta libertadora, pero sobre todo, y es lo más importante, influenciaron desde el conocimiento, desde el saber, a quienes finalmente lograron la libertad para nuestro pueblo, así fuera de manera transitoria, ya que liberados de los españoles caímos en brazos de otros intereses, los económicos de Inglaterra primero y de EE.UU. después, respaldo que hoy ya no existe, pero que ha servido para que nuestros gobiernos hayan estado bajo influencias malsanas, dañinas, que han impedido nuestro desarrollo, ese por el que estamos obligados a luchar todos los días desde los espacios que podamos, si queremos dejarle un país digno a las generaciones futuras, de hijos, sobrinos, niños colombianos que se están criando.

 

El objetivo que se trazó quien creó la Expedición Botánica fue estudiar nuestra rica flora, las plantas americanas, que no eran conocidas en Europa, teniendo un gran potencial para usarlas en la medicina y la alimentación. Su creador e impulsor, además de director fue el sabio José Celestino Mutis , quien convenció al arzobispo y virrey Antonio Caballero y Góngora para que financiara el proyecto. Él había llegado a nuestro territorio por Cartagena en 1760 como médico del virrey, interesándose inmediatamente por el valor de nuestra rica flora nativa. Antes de desarrollar este proyecto se ordenó sacerdote en 1772. Para desarrollar el proyecto incluyó a muchos jóvenes que mostraban interés en aprender, y que luego tendrían una gran importancia en el desarrollo de la historia nacional. Entre ellos estaban Francisco José de Caldas, luego por su conocimiento científico, conocido como el Sabio Caldas, Juan Eloy Valenzuela y Mantilla, subdirector de la Expedición, Jorge Tadeo Lozano el primer presidente que tuvimos tras la independencia y Francisco Antonio Zea, luego vicepresidente de la recién creada República de Colombia en 1819, tras nuestra independencia definitiva.

Inicialmente la Expedición Botánica tuvo su sede en Mariquita (Tolima), a donde Mutis se traslado a estudiar la flora allí existente en 1783, luego de haber salido de Santafé de Bogotá, a donde trasladaría la sede cuando había logrado obtener una gran variedad de plantas para su estudio en 1791, sede en la que perduraría, incluso tras la muerte de su creador en 1808, hasta 1816 cuando desapareció, dejando una honda huella en nuestro pensamiento científico y político, pensamiento científico que muy poco ha sido desarrollado en nuestro país, lo que nos viene sumiendo en el atraso, ya que sin investigación, sin ciencia, un país está condenado a depender de otros, a hundirse en su atraso.

 

De las plantas estudiadas quedaron hermosas láminas pintadas por los dibujantes que participaron en dicha expedición, encabezados por Francisco Javier Matiz, Pablo Antonio García del Campo, alumno de Joaquín Gutiérrez uno de los pintores más importantes del siglo XVIII, Pablo Caballero y Salvador Rizo, quienes eran oriundos de nuestra tierra, quienes aprendieron las técnicas de la pintura en la expedición. Hoy esas láminas, la gran mayoría en España posee un invaluable valor, no solamente por su valor científico, sino por su belleza pictórica. Esos pintores fueron el resultado de la Escuela de Dibujo y Pintura que creó Mutis para enseñar a niños y jóvenes a pintar. De Matiz se dijo en el Papel Periódico Ilustrado el 15 de marzo de 1885, en el No. 87:

"El señor Matiz era humilde y modesto como sabio; sencillo, franco y risueño como un niño. Su casa situada cuadra y media arriba de Las Nieves, de pobre apariencia, era a la vez hogar de la familia, Escuela de Pintura y aula de Botánica: enseñaba gratis a varios niños todo lo que él sabía. La sala de su herbario era al mismo tiempo sala de pintura y pieza de recibo de visitas"


Matiz dejo a su muerte 216 láminas firmadas, y más de 70 dibujos, obras en la que mostró siempre su calidad, no solo por su precisión, sino por el colorido que le imprimió. Sobre él otro científico colombiano, José Jerónimo Triana colaborador de la Comisión Corográfica se refiere en sus memorias, diciendo que cuando ya Matiz era anciano, él se lo llevaba cargado a sus espaldas al cerro de Monserrate a estudiar sus plantas.
 
Esa expedición alcanzó una justificada fama, tanto así que el sabio alemán, Alexander von Humboldt cuando vino a América sabía de su existencia, por lo que dirigió su viaje al interior del país para conocerla, tras haber recorrido el río Orinoco, llegando a Cartagena el 30 de marzo de 1801, para internarse en territorio granadino entonces. En su diario sobre la Expedición anotó:

"Nuestra entrada en Santafé constituyó una especie de marcha triunfal. El Arzobispo nos había enviado su carroza, y con ella vinieron los notables de la ciudad, por lo cual entramos con un séquito de más de sesenta personas montadas a caballo. Como se sabía que íbamos a visitar a Mutis, quien por su avanzada edad, su prestigio en la Corte y su carácter personal es tenido en extraordinario respeto, procurose por consideración a él, dar a nuestra llegada cierta solemnidad, honrándolo a él en nuestras personas. Por exigencias de la etiqueta, el Virrey no puede comer en la Capital en compañía de nadie, y así nos invitó a su residencia campestre de Fucha. Mutis había mandado habilitar para nosotros una casa cerca de la suya, y nos trató con extrema afabilidad. Es un anciano y venerable sacerdote de unos 72 años, muy rico además: el Rey paga 10.000 duros anuales por la Expedición. Desde hace quince años trabajan a sus órdenes treinta pintores; él tiene de 2.000 a 3.000 dibujos en folio, parecidos a miniaturas. Excepto la de Banks, de Londres, nunca he visto una biblioteca más nutrida que la de Mutis".

Así se creó un proyecto científico, que además de estudiar la valiosa flora de que somos dueños como nación, y que todavía no hemos usado a nuestro favor, sirvió de escenario para que muchos jóvenes empezaran a pensar en la necesidad de la independencia de la Corona española, forma de pensar que impulsaría pronto el proceso independentista.

                                                                        SANTAFÉ DE BOGOTÁ
Fundada la ciudad el 6 de agosto de 1538 por el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, al parecer en el sitio hoy conocido como del Chorro de Quevedo, enclavado en la colonial Localidad de la Candelaria, sitio capitalino lleno de historia, que hoy incluye un buen número de centros universitarios. En la época colonial estaba habitada por blancos españoles, mestizos, indígenas y esclavos, que fue creciendo de manera rápida en su conformación demográfica, llegando a registrar en el censo que se hizo en 1789, el año de la Revolución Francesa, 18.161 habitantes, para tener alrededor de 22.000 habitantes el 20 de julio de 1810, día del grito de independencia, y en 1819 cuando alcanzamos la independencia definitiva de la Corona española, unos 30.000 habitantes, que vivían en 195 manzanas que integraban la infraestructura de la ciudad.

El gobierno de la ciudad estaba a cargo del Alcalde Mayor y un Cabildo, además del Alguacil o Jefe de la Policía, y a partir de 1550 la Audiencia de Santafé de Bogotá, integrada por los llamados oidores, siendo la sede del gobierno del Nuevo Reino de Granada, y el sitio desde donde despachaba desde 1564 el presidente de la Real Audiencia, el primero de ellos, Andrés Díaz Venero de Leyva, y luego la sede del Virreinato desde 1739 hasta 1810, figura bajo la cual la máxima autoridad era el virrey, en representación directa del monarca español. 

                                                    RELIGIÓN CATÓLICA, FORMA DE SOMETER A LOS NATIVOS
Una de las primeras obras hechas en la ciudad de Santafé de Bogotá, fue la Catedral, que fue la única iglesia que tuvo la ciudad hasta 1585, cuando fueron construidas otras iglesias, la de Las Nieves y la de Santa Bárbara.

El sometimiento de los nativos fue a través de la guerra, por el uso de las armas, pero también de la religión, por medio de la cual se obligó a los indígenas a creer en un dios que no era el suyo, orden que del todo no cumplieron, ya que muchos a escondidas siguieron venerando sus deidades, como el agua, el sol, la tierra, a quienes agradecían por la vida que tenían. La imposición religiosa de la fe católica originó el llamado sincretismo .

La conquista de la conciencia indígena se dio a partir de la llegada a nuestro continente de varias órdenes religiosas , empezando por la franciscana, la dominica, la agustina, la de los jesuitas, los capuchinos, además de las monjas clarisas, dominicas y carmelitas descalzas, entre las que se dividieron el continente. Todas ellas construyeron iglesias y conventos. No todas las órdenes religiosas corrieron con la misma suerte, fue así como la de los jesuitas fue perseguida, siendo expulsada de las colonias por el monarca español Carlos III en 1767, y ya independizados fueron expulsados en el cuarto gobierno del general Tomás Cipriano de Mosquera.

 

La Iglesia Católica ha tenido en todas las épocas de nuestra historia un papel protagónico, especialmente porque siempre se ha puesto del lado de los poderosos, salvo contadas excepciones de muy reciente aparición, la de los sacerdotes ya desaparecidos Camilo Torres Restrepo o Álvaro Ulcue Chocué, sirviendo para someter a los más débiles. Así la Iglesia jugó un papel indispensable en la conquista, cuando al lado de los conquistadores evangelizó imponiendo un dios que no era el de ellos a los indígenas, siendo en la Colonia un respaldo al ejercicio del poder español, después que el propio Papa había contratado con los Reyes Católicos la forma en que esa tarea se llevaría a cabo en América. Así la Iglesia cuando vio en peligro su poder, por la reforma creo en el caso español la contrarreforma, representada en el Santo Tribunal o Tribunal de la Inquisición, buscando que nadie dejara la fe católica.

El clero justificó las atrocidades cometidas por conquistadores y por la Corona española, llegando a poner en duda que los indios no tenían alma, como una forma de justificar los atropellos contra ellos, como luego justificó la esclavitud de los africanos traídos a América, sobre el mismo argumento, interesada más en el oro, la plata y los diezmos, ya que por más pecador que alguien pudiera llegar a ser, siempre existía la posibilidad de comprar el purgatorio y el perdón.

La Conquista y posteriormente la Colonia se hicieron en nombre de Dios, dejando a su paso miles de muertos, llegando algunos a decir que lo peor que nos hicieron los españoles fue robar, matar e imponer una religión. Clero y monarquía integraron la “santa hermandad”, consolidando el poder sobre la población indígena, que además de ser diezmada, fue violentada en sus creencias religiosas, cuando les impusieron las creencias católicas.
 
                                                                  LA EDUCACIÓN EN LA COLONIA
La educación por orden del rey de España le fue encomendada a las órdenes religiosas, que fueron las primeras en América en crear colegios, algunos de los cuales se convertirían posteriormente en universidades, como en el caso nuestro el Colegio San Bartolomé de los jesuitas, y el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario o la Universidad Santo Tomás de la orden de los dominicos y la Universidad San Buenaventura. Todas estas instituciones educativas fueron creadas para impartir educación a los hijos de los españoles, ya que los demás no tenían derecho a ella, incluidas las niñas españolas, las que solamente tuvieron acceso a la educación cuando en 1783 fue fundado el colegio La Enseñanza de la comunidad de María.

Sustento de la educación impartida en América fueron textos escritos por Feijóo, Jovellanos, Campomanes y el Conde de Floridablanca, así, como en menor grado el pensamiento de John Locke, padre del liberalismo inglés, el barón de Montesquieu, pensador francés impulsor de la Revolución Francesa, padre de la división del poder en tres ramas, Legislativa, Ejecutiva y Judicial, a partir de sus estudios sobre la obra de Aristóteles, La política, Voltaire tratadista francés que predicaba la tolerancia en El tratado de la tolerancia, y Jean Jacques Rousseau, autor del libro más importante de la Revolución Francesa, El contrato social.

Entre los estudiantes se difundió el pensamiento de verdaderos sabios, como José Celestino Mutis, Juan José D´Elhuyer, quien luego se convertiría en un héroe de la independencia, Aimé Bonpland y el barón Alexander Von Humboldt, los que en conjunto difundían el pensamiento de la Ilustración, el movimiento intelectual que propició que en 1789 se diera la Revolución Francesa, la más importante revolución que se haya dado en occidente, a partir de la cual se creo el Estado moderno, liberal. En la Colonia se dieron otros procesos importantes, como el que iniciaron Francisco Antonio Moreno y Escandón, un educador de la Colonia, pero sobre todo un reformador, después que presentara un proyecto en 1768, a través del cual se usarían los recursos que los Jesuitas habían dejado tras su expulsión, para desarrollar la educación, empezando por crear una universidad pública, por ser él un crítico de la educación que impartían los religiosos, logrando que en 1777 fuera fundada la Biblioteca, antecedente más remoto de la Biblioteca Nacional. 

Por aquel entonces la educación no tenía la estructura que hoy tiene, es decir, que un niño no estudiaba primaria, bachillerato, y estudios universitarios, sino que eran colegios y universidades encargadas de dar conocimiento integral, enseñando filosofía, derecho y teología.

Fue el siglo XVIII donde la educación aumentó, debido a la mayor demanda que de ella se dio, lo que finalmente dio vía libre a cambios sociales importantes. En ese cambio tuvo papel preponderante el sabio Mutis, quien introdujo en 1762 la cátedra de filosofía moderna o filosofía natural, en la que desarrollaba la investigación aplicada a las ciencias naturales, lo que le daba a la educación un carácter social, es decir, que debía tener la educación una función, una utilidad, para poder desarrollar actividades económicas nuevas, abriendo nuevos campos al comercio. Esa forma de ver la educación tuvo resistencia, fue enfrentada duramente, especialmente por abogados, órdenes regulares, directivas educativas y catedráticos tradicionales.

Así el conocimiento tuvo una cierta apertura, eso sí, no mucha, ya que la educación solamente tocaba a los hijos de los españoles, que inicialmente se habían inclinado por la encomienda, como la forma de hacer riqueza, para luego convertirse en grandes terratenientes, mineros esclavistas y comerciantes de un gran poder económico. Era en ese círculo en que se daba la educación, ya que los demás, pobres, indios, esclavos y mujeres no tenían ningún acceso a mayor conocimiento, que no fuera aquel impartido por quienes los adoctrinaban en la fe católica.

                                                                              LA ESCLAVITUD EN LA COLONIA
Cuando se reflexiona sobre la esclavitud nos remontamos a la Colonia, tiempo en que fueron esclavizados africanas y africanos, creyendo muchas veces que ellos fueron los únicos sometidos de esa manera inhumana, olvidando que los primeros esclavos en nuestro continente fueron los propios nativos, los mal llamados indios. Pero esa institución no se desarrolló tras la invasión a la que fuimos sometidos desde el descubrimiento en 1492 por españoles, portugueses, ingleses, franceses, alemanes, holandeses y otros, sino que data de hace muchos milenios. Para no ir muy lejos, ya que la esclavitud ha sido una forma de sometimiento que los humanos hemos usado desde siempre, nos remontamos al Imperio Romano antes de Cristo, cuando ese Imperio llegó a tener 400.000 esclavos, sin que ninguno fuera negro. La Biblia narra la esclavitud del pueblo de Israel a manos de Egipto, pero antes también hubo esclavos, como en Grecia y Babilonia.
 
Los antepasados más remotos de los europeos fueron esclavos, estuvieron sometidos al yugo de los griegos y de los romanos, los que a su vez esclavizaron a filipinos, moros, chinos y los pobres de sus propias naciones, a los que se sumaban aquellos perdedores de las guerras, que tomados prisioneros eran sometidos a la esclavitud.

 

En el Imperio Romano existió un famoso esclavo, Espartaco. Él lideró una insurrección contra los esclavistas, poniendo en peligro el propio imperio, hasta cuando cayó luchando. Vivió entre el año 113 y el 71 a. C. El levantamiento que dirigió se dio entre los años 73 a 71 a. C., en la III Guerra Servil. Él habría nacido en lo que hoy es Bulgaria, militando en las tropas auxiliares de Roma, de las que desertó, siendo capturado y luego esclavizado, para ser destinado a trabajos forzados en la construcción de carreteras. Después fue vendido para hacer parte de una escuela de gladiadores, la de Capua de Léntulo Batiato. Siempre se destacó por su cultura, su inteligencia y su sentido de lo justo. Fue en esa escuela donde ideó un plan para escapar junto a varios compañeros. 74 lograron huir, incluyendo a Crixo y Enomao.

En la huida el grupo de esclavos se encontró con un convoy que transportaba armas de gladiadores, al que asaltaron, apoderándose del armamento, huyendo al monte Vesubio, desde donde empezaron a organizar acciones de pillaje contra localidades vecinas. El fruto del pillaje fue justamente repartido entre sus hombres por Espartaco, lo que hizo que su ejército creciera.

Autoridades del imperio enviaron una caravana a sofocar las andanzas, la que fue fácilmente derrotada. En esa batalla los esclavos libertos se pudieron apoderar de varias armaduras romanas. Esa acción despertó la atención de los romanos, quienes enviaron más de 3.000 soldados a atacarlos, encabezados por Cayo Claudio Glabro, los que fueron derrotados por Espartaco y sus hombres en la Batalla del Vesubio. Luego los esclavos fueron atacados por dos legiones venidas del norte de Italia al mando del pretor Varinio, a las que también derrotaron. El movimiento libertario se extendió al sur de Italia, llegando a integrar un ejército de unos 70.000 hombres, que intentaba pasar los Alpes, para quedar libre del poder romano. Ante el éxito del ejército rebelde, el único enemigo que lo podía poner en peligro surgió, la división. Crixo montó un grupo disidente integrado por unos 20.000 hombres, los que sin una dirección correcta fue aniquilado por los hombres del pretor Arrio en Apulia, muriendo su comandante.

El ejército de Espartaco siguió creciendo, llegando a tener unos 120.000 hombres, infringiendo derrotas a los ejércitos de Léntulo, Gelio y Arrio. Siguió hacía el norte. El gobernador de la Galia Cisalpina, el cónsul Craso Longino, esperó a las tropas libertarias en el Valle del Po en la ciudad de Módena, donde Espartaco lo derrotó. Así pudo pasar los Alpes, pero no lo hizo, regresando al sur, para tomarse Roma. Los ejércitos romanos entonces estaban comandadas por el pretor Licinio Craso, integrados por diez legiones, una de las cuales fue derrotada, saliendo muchos de sus integrantes en huida, a los que se les impuso el castigo del diezmó, que consistía en condenar a muerte a uno de cada 10 desertores. Los condenados eran asesinados a golpes, lo que hizo que nadie más desertara.

Espartaco y su ejército siguió avanzando. Llego a la Campania y luego a Turi, para ir al mar Tirreno en la zona de Calabria, donde entró en contacto con piratas de Cilicia, quienes le prometieron una flota para llevar tropas a Sicilia, cometido que fracasó debido a que los romanos pagaron a los piratas, quienes lo traicionaron. Con el comando de Craso, los romanos pudieron encerrar a los esclavos en la península itálica. Hicieron a su alrededor un foso de unos 65 kms y una valla de 4.5 metros de alto. Los esclavos intentaron franquear la valla pero no lo lograron, por lo que Espartaco una noche de lluvia reunió todo el ganado que tenía, poniendo antorchas en sus cuernos, arrojándolos contra la valla, por lo que los romanos se centraron del sitio hacia donde iban las antorchas, descubriendo pronto que no eran hombres los que las llevaban, mientras los esclavos pasaron por otro lado, regresando a Lucania en la parte norte del golfo de Tarento.

Por la falta de resultados, el Senado le quitó el apoyo a Craso, enviando al general Cneo Pompeyo, quien ordenó a Licinio Lúculo desembarcar en el puerto de Brindisi desde Grecia, intentando cercar a los esclavos, mientras por el noroeste atacaría Pompeyo, el suroeste Craso y por el este Lúculo. En ese instante, cuando mayor peligro corrían los esclavos, se dio otra división, cuando desertaron 30.000 galos y germanos al mando de Casto y Gáunico, los que fueron derrotados por las tropas de Craso. Así el ejército de Espartaco quedó reducido a 80.000 hombres.

Cerca de Brindisi, Espartaco pensó cruzar el mar Adriático para desembarcar en Grecia o Iliria, aunque no contaba con un medio de transporte que posibilitara esa operación. Al llegar cerca del mar debió enfrentarse a las tropas de Craso y Pompeyo. En el año 71 a.C. en Apulia se libró la última batalla, la del río Silario. Al inicio de la batalla le llevaron a Espartaco un caballo, al que mató con su espada diciendo: “La victoria me dará bastantes caballos de entre los enemigos y si soy derrotado, ya no lo necesitaré”. Combatió a pie como todos, lo que motivó a sus compañeros, siendo herido en una pierna, por lo que peleó de rodillas, hasta que cayó, haciendo parte de los 60.000 esclavos muertos en esa batalla. Los romanos muertos apenas fueron unos 1.000. Su cadáver jamás apareció. Los romanos tomaron unos 6.000 prisioneros, a los que crucificaron a lo largo del camino entre Capua y Roma, separados unos de otros por unos 10 metros. Los esclavos libertos que huyeron fueron luego atacados, siendo casi destruidas sus tropas.

Si bien el levantamiento esclavo no alcanzó la libertad, si contribuyó al desarrolló de procesos socio – económicos que llevaron a la caída de Roma, y el final de la esclavitud, luego de una profunda crisis económica, que permitió que los bárbaros se impusieran a los romanos. El Imperio Romano cayó en el año 476, dando paso al siguiente periodo de la historia universal, la Edad Media en Europa, donde se impuso una nueva forma de producción, el feudalismo, sin esclavos, pero con siervos, forma nueva de explotación.

Descubierta América pronto la esclavitud se fue imponiendo como una forma cruel de explotación. Los esclavos fueron traídos de África, quienes eran condenados a nunca poder volver a su tierra y los suyos, perdiendo sus valores, sus aspectos culturales, sus costumbres, sus tradiciones, bajo el lema que el negro era inferior al blanco, forma de justificar el sometimiento. Los africanos fueron cazados como animales para ser traídos a América por los europeos, aunque también muchos fueron capturados por otros africanos, en guerras, o como una forma de hacer negocios. Los primeros esclavos fueron llevados a Europa, para luego ser llevados a América, especialmente por los portugueses.

La expedición que hiciera a África el portugués Lanzarote de Freitas en 1444 marcó el comienzo de la esclavitud en América, cuando llevó a Portugal 235 esclavos. Este negocio pronto prosperó, sin control alguno, hasta que en 1486 en Portugal fue fundada la Casa dos Esclavos, para controlar el mercado esclavista, casa que entre 1493 y 1495 registró 3.600 esclavos. En 1479 fue firmado un tratado por Portugal para venderle esclavos a España, que tenía como centro del comercio esclavista a Sevilla. Este tratado fue fortificado con el Tratado de Tordesillas en 1494, que sirvió no solamente para repartirse las tierras descubiertas en América entre Portugal y España, sino para regular el comercio de los esclavos provenientes de África.

En 1502 fue que trajeron los primeros esclavos a América. Esos primeros desafortunados llegaron a la isla La Española (hoy República Dominicana y Haití). En 1510 el mercado de los esclavos aumentó, por el desarrollo minero. El 22 de enero de 1510 el rey Fernando el Católico autorizó que 50 esclavos pudieran trabajar en La Española, número que ese año aumentó a 200. En 1516 esta mano de obra fue usada en los ingenios de azúcar en La Española. Entre 1516 y 1519 se dio en las islas del Caribe una epidemia de viruela entre los indígenas, lo que diezmó más esa población, justificando traer más esclavos.

El primer año que se conoce se dieron levantamientos de esclavos fue 1522, en el ingenio azucarero del gobernador Diego Colón, hermano de Cristóbal, la que fue reprimida violentamente. En Acla en 1530 (hoy Panamá) también se sublevaron algunos esclavos, cuando aumentaba de manera importante la población negra, como pasaba en Puerto Rico, donde había 327 blancos y 2.292 esclavos. En Venezuela los primeros levantamientos se dieron en 1532, los que en Cuba y Panamá se replicaron en 1533. En Sebastián en La Española en 1547 también se dieron levantamientos, como el de Juan Criollo en 1550. En 1579 el levantamiento fue en Portobelo, donde firmaron la paz con los colonos, tras su liberación.

A lo que hoy es Colombia, el primer barco con esclavos, el Santa María de la Guía llegó en 1549 a Cartagena. Los primeros esclavos que llegaron fueron 166 de los 224 que habían sido embarcados, muriendo en el viaje 58. La historiadora Enriqueta Vila sostiene que entre 1595 y 1640 los portugueses trajeron a Cartagena entre 125.000 y 150.000 esclavos. La UNESCO ha calculado que en los 400 años de esclavismo fueron traídos a América aproximadamente 11 millones de esclavos africanos, lo que significa que los esclavizados debieron ser unos 33 millones, ya que por cada esclavo vivo que llegaba, uno moría en el viaje, pero antes había muerto otro cuando los cazaban. La edad de los esclavos traídos estaba entre 16 y 30 años, ya que no traían ni niños, ni viejos, muchos de los cuales eran asesinados en el proceso de captura.

 

En África los principales puertos de donde salían esclavos eran Cabo Verde entre Senegal y Sierra Leona, la isla de Santo Tome en el sur del delta de Niger, Guinea y el Congo, para dar inició a los viajes que se convertían en un infierno. Los esclavos eran sometidos a vejámenes, dándoles solo arroz, ñame, mandioca, para que no tuvieran fuerzas y no pudieran rebelarse. En los barcos eran traídos en bodegas, amarrados con cadenas de cuello, manos y pies. Algunos se suicidaban para no dejarse tratar como animales. El tráfico de esclavos se dio en un triangulo que integraban Europa, África y América. De Europa zarpaban los barcos esclavistas, pasando a África a comprar los esclavos, que eran cambiados por baratijas como ron, aguardiente, barras de hierro, fusiles y pólvora, siendo luego dirigidos los barcos hacía América, donde vendía su mercancía humana, volviendo a su punto de partida, esta vez llevando oro, plata, azúcar, algodón, cacao y otros productos que se cultivaban en nuestro continente, para cerrar el triangulo.

Cuando los barcos esclavistas llegaban a América no podían desembarcar, sino que debían permanecer en cuarentena, tiempo que era usado por el capitán del barco para mejorar la presencia de su mercancía buscando obtener mejor precio. El cuerpo de los esclavos les era lustrado con aceite de palma para que se vieran vitales, operación conocida como de blanqueamiento. Los esclavos eran vendidos por lotes, después que cada esclavo fuera subido en un tonel para que sus potenciales compradores lo vieran, debiendo mover los brazos y las piernas, así como abrir la boca, para demostrar que estaban sanos y fuertes. También llegaban esclavos de contrabando, por puertos como los del Darién, Tolú, Santa Marta, Riohacha, Gorgona, Buenaventura y Barbacoas. Los barcos en que eran traídos los esclavos se llamaban ataúdes o tumbeiros.

Cartagena se convirtió en el centro del esclavismo, siendo el único puerto autorizado para que allí llegaran los barcos esclavistas. Otro puerto autorizado era Portobelo, ciudad que se convirtió en el centro del monopolio del comercio exterior. De Cartagena salían esclavos para Perú, Quito, Panamá y el interior del Nuevo Reino de Granada. El comercio de esclavos le cambió la composición social a la ciudad, ya que muchos extranjeros se ubicaron allí, como portugueses y holandeses, convirtiéndose en la sede del Tribunal del Santo Oficio (Inquisición). La ciudad se hizo rica, por lo que fue necesario protegerla de quienes la querían saquear, incluidos piratas y corsarios. En 1697 el pirata francés Jean Bernal Desjaen, Barón de Pointis saqueó la ciudad, arruinándola.  

Los africanos esclavizados lucharon de manera intensa en pos de su libertad, tanto en su tierra, como aquí. Fueron varias las formas como los esclavos se levantaron contra sus amos. Ser malos trabajadores, dañar las herramientas, desobedecer o rebelarse. La rebelión era un proceso colectivo, lo que se llamó el cimarronaje, ya que se llamaba cimarrón al esclavo que se rebelaba. Los que huían se iban lejos, donde se fueron reuniendo muchos esclavos libres, sitios que se conocieron como palenques, que se convirtieron en complejas sociedades, en lugares inhóspitos, protegidos por fosos ocultos y empalizadas.

El principal palenque en América fue en Brasil, el Quilombo de los Palmares, donde en el siglo XVII se congregaron 15.000 esclavos libres. Allí las autoridades los atacaron, gastando dos años para someterlos, usando 6.000 soldados. En territorio nuestro el más importante fue San Basilio de Palenque, cerca de Cartagena, donde vivió el rey africano, Benkos Biohó, y se desarrolló la agricultura. Otros palenques existieron en el Cauca. En Venezuela se fugó el rey Miguel y en Panamá el rey Bayano. Otra forma de resistir fueron las creencias, ya que siguieron adorando sus dioses, así les impusieran el de la fe católica, como siguieron practicando su música, por medio de la cual han contado su historia, como lo hizo Joe Arroyo en la canción La rebelión (http://www.youtube.com/watch?v=93A-XOK4pWg).

En los palenques se daba una vida comunitaria, donde todos eran iguales, debiendo repartirse el trabajo y el alimento, debiendo tener un comportamiento social acordado, así como reglas morales, teniendo como armas para defenderse, espadas y cuchillos.

Los esclavos traídos a América tuvieron especial importancia dentro de la población del continente. Cuando llegaron los españoles a nuestro continente, se especula había tres millones de indígenas, los que se vieron reducidos a la mitad a finales del siglo XVI. En 1570 apenas quedaban 800.000 individuos, mientras que para 1650 ya la población era de 600.000 nativos. A la par en 1570 en América había 10.000 europeos, los que subieron a 50.000 en 1650 y en 1750 eran ya 350.000. La población esclava en 1570 era de 15.000, mientras en 1650 era de 60.000, más 20.000 mulatos, más otros 20.000 de mestizos, dándose un amplio mestizaje a partir del amancebamiento, la poligamia, el concubinato y la barraganería, ya que eran pocas las mujeres europeas traídas a acá. 

Para regular el tema de los esclavos, algunos países expidieron normas. En 1685 Francia promulgó la ley Code Noir, mientras en España en 1713 firmó con Inglaterra un acuerdo para que la isla se encargara por tres décadas para traer esclavos a América, donde se dieron diferentes movimientos de emancipación.

Con la independencia de EE.UU. en 1776 se dio la prohibición de la esclavitud en ese país en 1787, en el territorio norte y el oeste del río Ohio, dándose entre 1780 y 1790 el mayor comercio de esclavos, momento en que se dio la Revolución Francesa en 1789 y se expidió la Declaración de los Derechos el Hombre y el Ciudadano, donde se sostiene que todos somos iguales, lo que proscribía la esclavitud, donde un hombre somete a otros, uniéndose a la Revolución Industrial como causas de la terminación de la esclavitud, ya que era más ventajoso para los industriales tener mano de obra barata que esclavos, a los que les debían dar todo, vestido, vivienda, alimentación, mientras a sus obreros apenas un salario.

Cuando en lo que hoy es Perú se levantó contra el imperio español Túpac Amaru II en 1780, proclamó el fin de la esclavitud, para que se diera a partir del 16 de noviembre de ese año, al emitir el bando de Libertad de Tungasuca, deseo que se truncó por haber sido derrotado y asesinado de manera sangrienta.

En 1791 se da un hecho, casi desconocido en nuestro continente, y es el gran levantamiento de esclavos en Haití, los que finalmente lograron su independencia en 1804, convirtiéndose en el país de América que primero se liberó de su opresor, la Francia de Napoleón, movimiento que logró que el 4 de febrero de 1794 la Convención de Francia ordenara la abolición de la esclavitud en las Antillas, la que fue restaurada por Napoleón. En 1801 Toussaint Louvertur ocupó Santo Domingo liberando a los esclavos.

En Europa en 1803 Dinamarca prohibió el comercio de esclavos, siendo seguida por Inglaterra en 1807, prohibición que no tuvo ningún efecto práctico, hasta que finalmente fue abolida en 1832, cuando ya en 1808 en EE.UU. se había prohibido la importación de esclavos, mientras en 1810 Miguel Hidalgo y José María Morelos en México lograron su prohibición. El 8 de febrero de 1815 Austria, España, Francia, Gran Bretaña, Noruega, Portugal, Prusia y Suecia suscribieron una declaración sobre la prohibición de la esclavitud, aunque muchos de esos países siguieron lucrándose de ese mercado, hasta que en 1867 fue finalmente prohibida. Ese doble juego alcanzó para que la población esclava en Cuba se incrementara de 199.145 en 1817 a 369.000 en 1867. En 1838 Inglaterra abolió de manera definitiva la esclavitud en las islas del Caribe donde ejercía poder, ejemplo que siguió Francia en 1848. En 1856 llegó por última vez a territorio del Brasil un barco llevando esclavos, episodio que se dio en Cuba en 1867, dictándose una ley que castigaba el tráfico de personas esclavas.

En 1893 el líder cubano José Martí publicó el ensayo, Mi raza, publicando al año siguiente otro ensayo que titula El plato de lentejas, donde mostró los prejuicios contra los esclavos, que llegaba hasta ser sometidos a la calimbaba, palabra portuguesa que quiere decir, sellado, o lo que es lo mismo, poner una marca con hierro caliente, marca que era puesta en diferentes partes del cuerpo del esclavo, que podía ser el pecho, la cara o la espalda.

Como en ese tiempo la Iglesia Católica tenía un papel protagónico, para quedar bien con los gobernantes, e intentar cumplir con sus postulados creó un discurso por el cual rechazaba que cualquier ser humano pudiera ser esclavo, para lo que sostuvo que los negros africanos no eran seres humanos, porque no tenían alma, por lo que si podían ser esclavizados, siendo tratados como una mercancía, ya que era otra actividad económica. Así la Iglesia se lavaba las manos, como antes lo había hecho el filósofo Aristóteles en Grecia, cuando defendía la esclavitud griega, porque entre otras cosas tenía esclavos, que le permitían dedicarse a pensar, mientras sus esclavos lo atendían.

Para la abolición en Inglaterra, Thomas Clarkson encabezó un movimiento abolicionista, recorriendo por 7 años unas 35.000 millas a caballo, denunciando las atrocidades de la esclavitud. Otro personaje destacado de la abolición de la esclavitud fue el hacendado puertorriqueño Julio Vizcarrondo, tras liberar sus propios esclavos, creando el 2 de abril de 1865 la Sociedad Abolicionista Española, y un periódico en España, El abolicionista, deseo que suscitó una revolución en 1868. En 1870 siendo ministro en las colonias Segismundo Moret fue promulgada la libertad de vientres, movimiento contra el que se levantaron los llamados antiabolicionistas, sobre todo desde Puerto Rico y Cuba, siendo aprobada la ley de abolición en Puerto Rico el 25 de marzo de 1873.  

El personaje más importante en nuestra tierra contra la esclavitud fue Pedro Claver Corberó, hoy conocido, al ser canonizado, como San Pedro Claver, esclavo de los esclavos, misionero y sacerdote jesuita español, que se puso, como poco lo hace la iglesia del lado de los pobres, de los marginados, de los excluidos, de los pisoteados, falleciendo en Cartagena el 9 de septiembre de 1654. En Brasil se destacó en la lucha contra la esclavitud el abogado, ex esclavo, Luis Gama creador de la Sociedad Brasilera contra la esclavitud, siendo importante en Perú el esclavo Francisco Congo, que huyó creando un palenque.

En el siglo XX la Sociedad de Naciones, antecesora de la Organización de Naciones Unidas (ONU), aprobó la convención contra la esclavitud el 25 de septiembre de 1926, norma que entró en vigencia el 9 de marzo de 1927. La ONU declaró el 25 de marzo, como el Día Mundial de las Víctimas de la Esclavización. En Colombia fue consagrado el 21 de mayo, Día de la Afrocolombianidad, para conmemorar la abolición de la esclavitud por la ley 2ª del 21 de mayo de 1851.


Finalmente la abolición de la esclavitud en muchas partes no respondió a un deseo humanista, de no seguir sometiendo a un ser humano por otro, sino porque ya no era rentable económicamente, ya que salía más barato tener mano de obra libre y barata, que unos esclavos por los que se debía responder, dándoles techo y pan. Es más, en algunos países los esclavos liberados debieron ser pagados por parte del Estado, como paso en Ecuador, Perú y Colombia.

Hoy se podría pensar que la esclavitud es algo del pasado, pero no es así. En el 2000 en un informe sobre el tema se sostuvo que había unos 27 millones de esclavos en el mundo, empezando por Mauritania donde la protegen, pero en otros países, como Sudán que en el 2010 se dividió en dos naciones. Hoy una de las modalidades de esclavitud es la explotación sexual, que se da en sociedades avanzadas, como la del Japón.

La esclavitud además de someter a un grueso grupo de seres humanos traídos de África, para ponerlos al servicio de unos pocos, en actividades tan difíciles como la minería, la agricultura especialmente en los ingenios azucareros, servicios domésticos, y para servir de braseros en la navegación, nos sirvió para incorporar a nuestra sociedad sus costumbres, sus religiones, sus lenguas, su música, complementando así la ya rica cultura creada por los indígenas, nuestros ancestros mayores, y los españoles, destacándose muchos de ellos, que de manera vergonzosa han sido ocultados, desconocidos, menospreciados.

Hoy casi nadie se acuerda de Manuel Saturio Valencia, un afrocolombiano que nació en 1867, que fue poeta, pedagogo, músico, profesor, dirigente popular, juez, personero en el Chocó, siendo el último fusilado legalmente en el país en 1907, no por ser un delincuente, sino por haber sido falsamente acusado de haber incendiado la calle primera de Quibdó, donde tenían negocios los blancos. Todavía hoy su obra está para ser conocida. Otro destacada afrocolombiano ha sido Diego Luis Córdoba, abogado que en 1947 se convirtió en el primer senador oriundo del Chocó, planteando el fortalecimiento de la educación del departamento, incluyendo la formación de profesores en la Normal. Por su lucha por los derechos de los afrocolombianos, como otros líderes mundiales como Martín Luther King o Malcom X, logró crear varias organizaciones que lucharon por derechos para las negritudes en la década de 1960, en la que los africanos estaban sacudiéndose del yugo colonizador europeo. Otros han sido Juan Zapata Olivella quien se presentó como candidato a la Presidencia de la República, como fueron, y son importantes sus hermanos, Delia y Manuel.

En nuestro país todavía el tema de las negritudes es observado con reserva por algunos sectores de la sociedad. Apenas en 1976 en Cali se realizó el I Congreso de la Cultura negra de las Américas. En 1982 se creó el Movimiento Cimarrón en Buenaventura, mientras que en 1976 se había creado el Círculo de Estudios Soweto en Pereira, llegando las comunidades negras a pedir desde 1987 la escrituración de sus tierras, logrando un reconocimiento en tal sentido en la Constitución Política de Colombia de 1991, que se reflejó en la ley 70 de 1993.

LA JOYA MÁS IMPORTANTE DE LA CORONA

Sin lugar a dudas la joya más valiosa elaborada en la época de la Colonia es la LECHUGA, que es una custodia elaborada por el español José de Galaz y dos ayudantes entre 1700 y 1707 por encargo de la Compañía de Jesús en Bogotá. Pero no solamente es la más vistosa y valiosa de la Colonia, sino de todos los tiempos, verla impresiona, hoy que se encuentra exhibida en la bóveda con que cuenta la Casa de la Moneda en Bogotá, sin que se pueda fotografiar.

 

Mide 80 centímetros de alto, sobre una base de 20 centímetros. Pesa 4.902,6 gramos. Tiene 1.485 esmeraldas, todas de las llamadas gotas de aceite, y alas de mariposa. Tiene además 13 rubíes traídos de Sri – Lanka, un zafiro de Tailandia, un topacio de Brasil, 28 diamantes de Sudáfrica,  62 perlas caribeñas de Curazao y 168 amatistas. El vestido del ángel está pintado con polvo de esmeralda y zafiro, y sus botas en polvo de rubíes. Fue exhibida hasta 1767 en la iglesia de San Ignacio de Bogotá, momento en que fueron expulsados los jesuitas, cuando esta joya desapareció, para reaparecer en 1891 cuando nuevamente fue exhibida en la misma iglesia. En 1985 la compró el Banco de la República en 3.5 millones de dólares .
 






EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA
JOSÉ MANUEL EIZAGUIRRE.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

El 1º de agosto de 1776 Carlos III, rey de España, creó el Virreinato del Río de la Plata con capital en Buenos Aires en el marco de una serie de medidas destinadas a reorganizar el poder imperial. El antiguo gobernador de Buenos Aires, Pedro de Cevallos, fue nombrado virrey del Río de la Plata. El virreinato comprendía los territorios que hoy ocupan la República Oriental del Uruguay, la República del Paraguay, la República de Bolivia, la República Argentina y el Estado de Río Grande, que pertenece actualmente a la República de Brasil. La creación de este virreinato implicó un aumento de la población de Buenos Aires, la consolidación de la estructura urbana y una transformación de esta ciudad en un importante centro comercial entre las colonias y la metrópolis. A continuación, reproducimos un fragmento del libro Páginas argentinas ilustradas sobre una de las “reformas borbónicas”, que resultó clave para el desarrollo de esta región.

Las provincias españolas en esta parte del continente lindaron desde el primer día con las colonias que Portugal fomentaba en el Brasil. El debate primitivo sobre el mejor derecho a la conquista del Río de la Plata volvió así, en el andar del tiempo, a ser reanudado, traduciéndose en una constante lucha por la fijación de los límites territoriales.

Los portugueses invadían las tierras de las provincias argentinas, en la región de los ríos, en el interior del Paraguay y de la Audiencia de Charcas. Llegaron en uno de sus avances hasta edificar una fortaleza en la Colonia del Sacramento, en la Banda Oriental, frente a Buenos Aires, desde donde mantenían un activo comercio clandestino con los habitantes de las provincias argentinas.

Desalojados, volvieron siempre, sin que los gobernadores de Buenos Aires, dependientes del virreinato de Lima, pudieran obrar con la rapidez y los recursos necesarios.

La corona de España resolvió, en 1776, encomendar a don Pedro de Ceballos, teniente general de los Ejércitos de la monarquía, una expedición militar para contener a los portugueses y expulsarlos de los territorios que, fuera de toda discusión, pertenecían a las provincias del Río de la Plata.

Para darle mayor autoridad, el rey erigió el virreinato, con carácter de provisional, formándolo con las provincias del Río de la Plata, Paraguay, Tucumán, Mendoza, San Juan del Pico y el distrito de la Audiencia de Charcas.

La cédula real fue fechada en San Ildefonso el 1º de agosto 1776. El virrey Ceballos, con un ejército aguerrido que trajo de España, arrojó a los portugueses de los puntos invadidos, destruyó el fuerte que habían construido en la Colonia del Sacramento, y desde Santa Catalina presentóle al rey la conveniencia de erigir definitivamente el virreinato.

El rey accedió y, por cédula de 27 de octubre de 1777, erigió definitivamente el virreinato del Río de la Plata, nombrando sucesor de Ceballos a don Juan José Vértiz. El propósito fundamental de la corona de España era el de defender y amparar su territorio, en la desembocadura de los ríos, al Este, en el interior y al Norte, impidiendo que los portugueses continuaran sus avances en las regiones inexploradas del centro del continente.

Al virrey Ceballos le debieron las provincias del Virreinato muchos progresos en el orden administrativo, porque fue él quien propuso la creación de una Audiencia en Buenos Aires, y amplió el permiso de tránsito para las mercaderías en las provincias interiores, favoreciéndose al comercio general.

Complementando el propósito de descentralización que demostraba Ceballos, la corona de España dictó en 1782, la real orden de erección de Intendencias, por la que se dividía el territorio del Virreinato, en ocho intendencias.

BUENOS AIRES, que comprendía el obispado del mismo nombre, con Montevideo, Santa Fe, Corrientes y Misiones. PARAGUAY, comprendiendo todo el territorio de su obispado. TUCUMÁN, que comprendía todas las provincias del centro argentino, cada una como subdelegación. MENDOZA, que comprendía la provincia de Cuyo, fundada por la capitanía general de Chile. SANTA CRUZ DE LA SIERRA, con su capital en Cochabamba. LA PAZ, con todo el distrito de su obispado, y las provincias de Lampa, Carabaya y Azángano. LA PLATA, con el territorio del arzobispado de Charcas. POTOSÍ, con el territorio de las provincias de Porco, Chayanta, Atacama, Lípez, Chichas y Tarija.

Por cédula real de 1783, se ordenó que los Intendentes se llamaran Gobernadores-Intendentes, y se agregaron al Virreinato las gobernaciones militares de Mojos y Chiquitos. En 1784, se creó otra Intendencia en la provincia de Callao, con su capital en la villa de Puno.

Así abarcaba el Virreinato una extensión mayor a la cuarta parte de todo el continente, con las regiones más ricas y el sistema fluvial más poderoso.

La guerra con Portugal terminó por el tratado preliminar de límites, firmado en 1777. En el artículo 15 de ese tratado, se decía: “Para que se determinen con la mayor exactitud los límites insinuados en los artículos de este tratado y se especifiquen sin que haya la menor duda en lo futuro, se nombrarán comisario por sus majestades Católica y Fidelísima, o se dará facultad a los gobernadores de las Provincias para que ellos, o las personas que eligieren, las cuales sean de conocida probidad, inteligencia y conocimiento del país, juntándose en los parajes de la demarcación, señalen dichos puntos, otorgando los instrumentos correspondientes y formando mapa puntual de toda la frontera que se conociere”.

El virrey Ceballos, cuando acusó recibo de la cédula real que transcribía el tratado, habló de las dificultades con que se tropezaría en la demarcación, y dio su opinión en una forma que precisaba el estado de estos pueblos:

“Los parajes -decía- no solamente distan muchísimas leguas de los pocos gobiernos que puedan mirar aquellos puntos en calidad de fronteras, sino que la mayor parte de ellos no reconocen gobiernos a que puedan pertenecer y mucho menos personas de conocimiento práctico ni aun especulativo de aquellos bosques, montes, ríos y cordilleras; de suerte que, a excepción de los gobernadores de Montevideo, por lo que hace al distrito de Río Grande, los del Paraguay con respecto a los valles en que están situados los pueblos de Misiones y con alguna tal cual idea, aunque confusa, los de Chiquitos y Mojos, en pasando el Itenes, ríos de la Madera y Amazonas, no se conocen ni están erigidos gobiernos algunos españoles a la parte del 0. E. en todo el vastísimo terreno de más de mil leguas hasta el Orinoco y último término de la referida línea”.

Por esa ignorancia en que permanecieron todos los gobiernos y que aprovecharon los portugueses en sus invasiones, el Virreinato del Río de la Plata perdió gran parte de su primitivo territorio.

La población no estaba tampoco en armonía con la enorme extensión del país, pues en esos años, (1778) la Intendencia de Buenos Aires tenía solamente, según el censo que se levantó, 37.679 habitantes, y no era de las menos pobladas.

Se dio comienzo a la demarcación durante el gobierno del marqués de Loreto, que fue el tercer virrey.

Durante la administración del virrey Vértiz, se sublevó, en el Alto Perú, Túpac Amaru y arrastró a casi todos los indios peruanos. Vencido, sufrió un horrible castigo: los jueces le condenaron a presenciar el suplicio de todos los miembros de su familia, y después de cortarle la lengua, fue atado a cuatro potros y descuartizado. Este acto salvaje mereció la condenación de todos los americanos.

El virrey Vértiz fue el primer funcionario de la colonia que tuvo iniciativas en el sentido del progreso moral y material de las provincias argentinas. Extendió las fronteras y combatió contra los indígenas que habían empezado a invadir las estancias en la provincia de Buenos Aires para robar ganados.

Esas invasiones se llamaban "malones» y coincidieron en varias épocas con el aprovechamiento comercial de los productos de la ganadería que se hacía por el puerto de Buenos Aires, y también con los contratos que formalizaban los gobiernos de Chile, para comprar ganados a los indios.

Desde 1777 a 1810, el virreinato tuvo once Virreyes. El último fue don Baltasar Hidalgo de Cisneros.


LA VIDA DOMÉSTICA EN LA COLONIA, NACER, CASAR Y MORIR EN CASA
REVISTA CREDENCIAL HISTORIA No. 55, Julio de 1994.
AUTOR: PABLO RODRÍGUEZ JIMÉNEZ
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

Uno de los hechos más notables de la vida familiar colonial era que ésta casi siempre se compartía con parientes lejanos, y con esclavos y sirvientes. En los distintos sectores sociales, la familia no estaba conformada exclusivamente por los padres e hijos, pues normalmente la componían también abuelos, tíos, primos, suegros, yernos, cuñados y ahijados. En cada historia familiar, razones económicas, demográficas o circunstanciales conducían a que la vida familiar fuera compartida con otros. En algunos lugares esto llegó a ser tan común, que a los primos hermanos simplemente se les llamaba hermanos. Así mismo, la costumbre de la posesión de esclavos domésticos era algo más que una inversión económica: con frecuencia los esclavos daban a sus amos, además de servicios durante toda su vida, compañía y afecto.

La circunstancia de vivir distintos hermanos con sus hijos en casa de los padres, motivados por una necesidad de cohesión económica, no dejaba de presentar situaciones reveladoras. A la muerte de los padres, recibían en herencia fracciones de una casa que podían conservar durante muchos años. En el centro de Medellín, a fines del siglo XVIII, cuatro hermanos Álvarez compartían la casa que habían heredado. Cuando en una ocasión hubieron de declarar la porción que cada uno tenía, dos afirmaron poseer de a séptimas partes y dos de a parte y media. Es interesante descubrir que la tutoría de la casa no siempre recaía en un hombre. En el caso comentado, se trataba de la hermana mayor, Gregoria Álvarez, casada con Miguel Gómez.

La convivencia de distintas familias en una misma casa no es un hecho reciente. Ya en el siglo XVIII distintas ciudades colombianas presentaban este fenómeno. En Cartagena, Tunja y Santafé se nombraba como «tiendas», «asesorías», «dichas» y «cuartos» a las partes de las casas en las que vivía una familia. Numerosos caserones de Cartagena eran habitados por seis, ocho y hasta once familias. Por supuesto, la mayoría eran familias pertenecientes a las castas de mulatos y pardos. Sin embargo, conviene tener en cuenta que en muchos de estos casos los miembros de la familia jefe eran blancos empobrecidos. Y, aunque esta modalidad de vida familiar era más frecuente en los barrios populares de Getsemaní y Santo Toribio, en La Merced y San Sebastián no se desconocía. Un ejemplo notable de cómo vivían estas familias lo podemos observar en una de las casas de la Calle de Nuestra Señora de las Angustias del barrio La Merced. En la parte alta y principal de la casa vivía el presbítero Joseph de Mendoza en compañía de su hermana Eugenia, quienes eran asistidos por seis esclavos de distintos sexos y con edades que oscilaban entre los 18 y los 51 años. En esta misma área superior vivía su hermano, el recaudador del derecho de sisa de la ciudad Felipe de Mendoza con su esposa, cuatro hijos y tres esclavos. En la parte inferior de la casa vivía el oficial de contaduría Joseph de Paz con Teresa de Mendoza, hermana de aquéllos, con sus siete hijos y dos esclavos. En un costado lateral de este piso vivía Melchora de Paz, hermana del anterior, abandonada de su marido, pero acompañada de cinco esclavos. En un rincón, hacia el patio, estaba la alcoba de una mulata ya anciana, sostenida por su hijo José Olivo, oficial de sastrería, y allí vivían en compañía de una mujer de treinta años y un niño expósito que habían recogido tiempo atrás. Más al fondo, se encontraba el cuarto del mulato Anastasio Galindo, dedicado a la carpintería, su esposa y una hijita de ocho años. Finalmente, una última alcoba era utilizada por varios comerciantes para guardar sus mercaderías. Como puede observarse, en una casa más o menos excepcional de la época convivían 41 personas de los grupos blanco, mulato, pardo y esclavo. Conformaban seis familias, varias con un origen muy próximo y otras simplemente anexadas a esta gran comunidad doméstica. Aquí, aunque puede suponerse que existían áreas reservadas para cada familia, las zonas comunes debían ser muy importantes. El zaguán, los corredores, la escalera, el patio, la cisterna de agua, el depositorio, la cocina y el comedor eran lugares de encuentro cotidiano en los que, seguramente, se daba la comunicación y se reforzaba la solidaridad. No obstante, en estas casas de tantas almas, niños y avalares, cada uno debía inventar su lugar y momento de privacidad.

Aspecto trascendental de la vida familiar colonial empezó a ser el surgimiento desde el mismo siglo XVIII de la familia «reducida», o mejor, conyugal. Algo más de la mitad de las familias de las principales ciudades colombianas estaban conformadas por los cónyuges y sus hijos. En ocasiones este núcleo se distorsionaba con la muerte de uno de los padres y se transformaba en familia constituida por la viuda o el viudo con su prole. También era frecuente que un rápido matrimonio de la viuda o viudo recompusiera la unidad. La vida independiente de padres e hijos junto a sus sirvientes o esclavos comenzó a ser la forma predominante de organización familiar. Esta estructura familiar estaba presente en todos los sectores sociales, aunque parecería dominante entre la población blanca pobre, mestiza y mulata, en los que las circunstancias económicas expulsaban a los hijos mayores para buscar el sustento.

Probablemente una de las diferencias más significativas de la sociedad colonial con las sociedades modernas consistía en que los tres acontecimientos decisivos en la vida de cada individuo ocurrían en casa, rodeados de parientes y amigos. Se nacía en el lecho de la madre, asistida por una partera y ante la expectativa de los familiares. La madre embarazada no tenía el recurso de un médico ni de una literatura que la instruyera. La comprensión de su estado y de los cuidados que debía tener le eran dados por las mujeres mayores. Las matronas transmitían consejos, recetas y también prejuicios. A las embarazadas se les recomendaba principalmente tener prudencia en los movimientos, evitar las corrientes de aires y negarse a toda relación sexual con su marido. De otro lado, un consejo obligado aun para las esclavas era enriquecer la dieta en los últimos tres meses.

Resultado de los insuficientes conocimientos médicos y de la falta de asepsia en el parto era la mortalidad infantil, uno de los hechos más dramáticos de la Colonia. El nacimiento era un triunfo de la vida, entendido como un regalo del Señor. La muerte de los infantes era tan habitual que en muchos casos los padres no se hacían presentes en sus entierros. La Iglesia, previendo las complicaciones en la infancia, recomendaba a los padres apresurarse a bautizar al recién nacido, hecho que ocurría en los dos o tres días siguientes al nacimiento, en la pila que para ello poseía cada parroquia. La fórmula bautismal de «Yo te bautizo, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén», fue establecida por el Concilio de Trento. La ceremonia era sencilla: se componía de la ablución con agua bendita, la recitación de la fórmula y la asistencia de los padres y dos testigos, quienes adquirían parentesco espiritual con la criatura. Un aspecto importante del bautismo era la imposición de un nombre. Los nombres de pila coloniales revelan el acento religioso y devocional. Los nombres del siglo XVI estaban asociados al antiguo santoral cristiano. Durante los siglos XVII y XVIII se hicieron familiares los nombres de algunos santos o jerarcas patrocinados por las comunidades religiosas. Entre las mujeres, el culto mariano determinó decididamente sus nombres y, en orden de costumbre, se las llamaba María, Josefa, Gertrudis, Ana, Ignacia, Catarina, Manuela, Juana y Antonia. Entre los hombres, José, Ignacio, Francisco, Antonio, Mariano y Vicente. Los nombres de Jesús y Jesusa sólo se popularizaron en el siglo XIX.

 

La mayoría de los niños venían al mundo en los meses de agosto, octubre y mayo. De acuerdo con las estadísticas, las parejas concebían sus hijos en los meses de noviembre, enero y septiembre. El mes de nacimiento estaba determinado por la recomendación eclesiástica de hacer veda sexual en las épocas de cuaresma y navidad. Justamente los meses en que menos niños nacían eran diciembre y enero. Cada familia tenía en promedio cuatro hijos que llegaban a la edad adulta. En sus testamentos, los padres y las madres nombraban a algunos de sus hijos fallecidos en la adolescencia y en la juventud. Con sentimientos de dolor y nostalgia hacen memoria de un afecto profundo conservado. Pero los niños de menos de 10 años apenas si son recordados. Este silencio sobre los niños muertos al nacer o en su infancia hace difícil conocer cuántos alumbramientos llegaban a tener las mujeres coloniales. Nunca fueron tantos como usual mente se piensa. Las familias de más de diez hijos en la época colonial fueron una excepción, incluso en Medellín. El tamaño sorprendente de las familias fue un fenómeno que sólo empezó a darse a mediados del siglo pasado, cuando se amplió la frontera agrícola y se conformó la unidad doméstica campesina.

De otro lado, el matrimonio, más que una necesidad, era una ambición de todos los hombres y mujeres. El matrimonio era tanto la celebración de un sacramento de la Iglesia, como el más importante ritual de pasaje que marcaba la vida de todo individuo. El significado del matrimonio católico difundido por los clérigos llegó a calar hondo en la población neogranadina. A pesar de las licencias que la sociedad otorgaba a la sexualidad masculina y de la serie de factores sociales que llevaban a muchas personas a vivir en concubinato, el matrimonio era considerado como el estado ideal de hombres y mujeres.

La selección de un pretendiente era asunto que involucraba a toda la familia.

Los arreglos matrimoniales eran llevados a cabo por tíos prominentes o por los mismos padres que exploraban sobre el pretendiente ideal para sus sobrinas o hijas. En otros casos, era el propio interesado, acompañado de un padrino o de un benefactor, quien visitaba al padre de la novia para manifestarle sus intenciones y considerar las nupcias. En conversaciones privadas en salitas amobladas con canapés y silletas, se trataban los términos formales y la fecha de la boda. Entre los estratos medio y alto de la sociedad, la decisión matrimonial era considerada demasiado importante para ser dejada en manos de tos jóvenes. En este medio, ellos no decidían la elección de sus cónyuges. La alta estima que tenía la dote para los contrayentes envolvía de formalidad las nupcias y situaba a los padres en su centro.

El celo de padres y familiares sobre los pretendientes se orientaba principalmente a impedir los matrimonios con inferiores raciales. La sociedad criolla vivía con especial aflicción las uniones que intentaban sus integrantes con gente mestiza o mulata. Una actitud que tenía aval jurídico era oponerse a ofrecer el consentimiento para tales uniones, hecho con el cual perdían los derechos de herencia y los clérigos se apartaban de dar su bendición. Una estrategia, probablemente inconsciente, fue aconsejar los matrimonios entre parientes, que eran arreglados para fortalecer los nexos familiares, robustecer las economías de los tíos y primos, y para excluir a la gente de dudosa condición racial. En ocasiones, también el prejuicio contra extraños conducía a robustecer las alianzas familiares entre componentes de un mismo grupo socio profesional. De las últimas décadas del siglo XVI son conocidas las uniones entre encomenderos, en los siglos XVII y XVIII se hicieron corrientes los matrimonios entre familias de mineros, comerciantes y hacendados.

Carecemos de un estudio que nos indique cuál era la edad en que los hombres y mujeres contraían nupcias. Sin embargo, si restamos un año a la edad promedio en la que a fines del siglo XVIII las madres habían tenido su primer hijo, podemos considerar que las mujeres se casaban hacia los 22 años. Esta edad debía variar de acuerdo a la condición racial, social y regional. Es probable que la edad de las mujeres blancas y mestizas urbanas fuera mayor que la de las mestizas, mulatas e indígenas rurales. Sobre la edad de los hombres siempre se ha considerado que ésta era mayor. Un hecho cierto es que la diferencia promedio de edad entre las parejas urbanas de la Nueva Granada oscilaba entre los 6 y 10 años. Pocas parejas tenían edades cercanas; en cambio, muchas presentaban diferencias de 16 a 30 años.

Desde el Concilio de Trento la celebración del matrimonio debía efectuarse dentro de una iglesia. Sin embargo, en la Nueva Granada a mediados del siglo XVIII continuaban realizándose ceremonias nupciales en casas de particulares notables. Las normas exigían la presentación de información matrimonial de los pretendientes y la declaración de dos vecinos. A la vez, los novios debían hacer confesión cristiana sobre la auténtica motivación matrimonial, sus posibles noviazgos y experiencias sexuales anteriores. Toda ceremonia era anunciada a la comunidad en tres domingos consecutivos. Sólo en casos en que la autoridad eclesiástica considerara conveniente obviar las banas dominicales para defender un matrimonio, se realizaba en la misma semana. La ceremonia se efectuaba muy temprano en la mañana y de manera bastante sobria. No se hacía gasto en coros o misas especiales. Las parejas asistían acompañadas de sus familiares y de dos testigos. No existía una formalidad en cuanto al vestuario, simplemente se vestían las mejores prendas sin distinción de color. El momento más importante de la ceremonia lo constituía la respuesta de los novios a la pregunta del sacerdote: «¿Acepta Ud. fulana como esposo a sutano?» El clérigo debía interrogarlos y asegurarse de que establecían el vínculo con absoluta libertad de consentimiento. Concluida la misa, los asistentes eran invitados por los padres de la novia a festejar el acontecimiento.

Los meses preferidos para los matrimonios eran febrero, mayo y noviembre. Estas fechas podían ser el resultado de la negativa de los clérigos para efectuar velaciones en el Adviento y en la Cuaresma. Cabe señalar que las parejas no iban a vivir inmediatamente lejos de sus padres: los primeros años debían pasarlos junto a ellos mientras acumulaban el capital necesario para adquirir vivienda independiente.

Finalmente, toda persona esperaba morir en casa, acompañado de sus familiares y vecinos, y asistido espiritualmente por un representante de la Iglesia. Para todo feligrés la muerte era un trance sumamente difícil, por lo cual tomaba precauciones. Se debía asegurar el auxilio de la Iglesia en el momento de la agonía y una adecuada inhumación bajo la protección de una advocación cristiana. Desde temprana edad la gente de algún recurso adquiría «asiento y lugar» en la catedral o en una parroquia. El primero le garantizaba un puesto cómodo y acorde con su rango en las misas y fiestas religiosas. El segundo le reservaba un sitio eterno bajo las baldosas de la iglesia, cercano a un santo de devoción. Reposar en el propio claustro debía calmar en alguna medida la ansiedad de la muerte.

Los testamentos, tan propios de la época colonial, no sólo eran escritos por las personas ancianas o enfermas. El temor a una muerte intempestiva hacía que aun la gente joven legara su «última voluntad». La redacción de este solemne documento era la ocasión de reconocer la elemental humanidad, de arrepentirse, de perdonar, de confesar lo inconfesable y de solicitar en forma detallada el sepelio y el entierro deseado. En las ceremonias más vistosas, el difunto era acompañado por un séquito de frailes y sacerdotes, la misa era cantada, las campanas doblaban y el cortejo marchaba con cruz en alto. Cada testador asignaba una suma de dinero a lo que denominaban «mandas forzosas», especie de limosna para el mantenimiento de las misas que la parroquia ofrecía por las benditas ánimas del purgatorio. Un monto distinto de dinero era utilizado para fundar capellanías y asegurar misas semanales, mensuales o anuales por el descanso del alma del testador. Otra cantidad podía ser dedicada a mantener encendida una o varias velas a la imagen de un santo. Los capitales legados a la Iglesia por voluntad testamental llegaron a ser auténticas fortunas. Cabe señalar, también, que el momento de la muerte llamaba a realizar buenos actos y especialmente a dar muestras de espíritu piadoso. Una parte interesante de los testamentos coloniales era la decisión cristiana de libertar a los esclavos más fieles y conceder un rubro para socorrer a familiares y a criados desvalidos.

LOS TOROS DE LA COLONIA, FIESTA DE INTEGRACIÓN DE TODAS LAS CLASES NEOGRANADINAS
REVISTA CREDENCIAL HISTORIA No. 62, febrero de 1995.
AUTOR: PABLO RODRÍGUEZ JIMÉNEZ
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

Al Nuevo Reino de Granada el toreo llegó con la conquista. En un año tan temprano como 1532, en Acla (Darién), entre los festejos que realizaron los vecinos para recibir al gobernador Julián Gutiérrez, hubo una corrida. Un informe de la época consignó: «Con toda la dicha gente se salió a la plaza y corrió y capeó un torillo pequeño que se había encerrado; y porque era bravo se lo mandó echar fuera». Unos pocos años después de la fundación de Santafé, el adelantado Luis Alonso de Lugo trajo a la Sabana treinta y cinco toros y treinta y cinco vacas, que vendió entre sus hombres a mil pesos oro cada uno. Del siglo XVI, se tiene al menos noticia de seis corridas: a la llegada del adelantado Alonso de Lugo; en 1545, cuando tomó el mando Pedro de Ursúa; en 1547, a la llegada de Miguel Diez de Armendáriz; en 1550, cuando el establecimiento de la Real Audiencia; en 1551, durante la posesión de Juan de Montano, y en 1564, cuando Andrés Diez Venero de Leyva tomo posesión del gobierno de Santafé.

La corrida de toros llegó a ser considerada como la parte galante de todas las fiestas civiles y religiosas. Con ella se agasajaba a los presidentes y a los obispos, se celebraba la coronación de los reyes y las noticias del nacimiento de los infantes y con ella se daba alegría al festejo de los santos patrones. Es decir, casi a todo lo largo del año se podía disfrutar de la fiesta de los toros. Los encargados de promoverlas y organizarlas eran los cabildos de las villas y ciudades, quienes solicitaban los toros a los hacendados más prestantes de cada localidad. Como no existían plazas especiales para las corridas, los cabildos nombraban vecinos que costearan el tablado de la plaza mayor y la construcción de los balcones. En Popayán, por ejemplo, el cabildo, con ocasión de las fiestas del Santísimo Sacramentado de 1629, cargó a distintos encomenderos y caciques de la región estas obligaciones. Andrés del Campo, que tenía las encomiendas de Polindará y Pízabaro, debía construir el toril para encerrar los toros y el bastidor de cuero que servía de puerta. Iñigo de Velasco, encomendero de Coconuco y Cajibío, debía cercar la esquina del convento de las monjas y construir puerta de cuero y bastidor. Los balcones fueron encargados a otros vecinos.

La plaza de toros era la misma plaza principal, cuyo contorno era cercado con madera, para que desde los callejones hicieran sus lances los más diestros en torear. En lugares especiales se levantaban palcos o balcones para seguridad y comodidad de las autoridades y de los beneméritos. En la construcción de estos tablados, en la pólvora y en el ornato, los cabildos y los vecinos gastaban crecidas sumas de dinero. El encierro de la plaza no siempre daba seguridad a los vecinos. En ocasiones las reses burlaban el cerco y provocaban el pánico en la población. En un caso pintoresco ocurrido en Santafé y referido por el genealogista Juan Flórez de Ocariz, Luis López Ortiz se encontraba rezando en un banco, detrás de la puerta de su tienda, cuando entró un toro furioso que lidiaban en la plaza mayor. La fiera le puso el hocico en el hombro, sin ofenderlo en más que ensuciarle el vestido con la espuma de su baba, y volvió a salir. Después de este suceso la devoción del señor López Ortiz fue tal, que donó su fortuna para el convento e iglesia de la Concepción. Por su parte, Juan Rodríguez Frayle refiere que en 1738, para celebrar la llegada del presidente Antonio González, hubo comedias, toros y pandorgas.

 

Las fiestas normalmente se iniciaban con un desfile a caballo de las autoridades locales, que recorrían los barrios leyendo los bandos e invitando a las festividades. Este recorrido iba acompañado de músicos y polvoreros. Había también mojigangas, comparsas y disfraces. Las jornadas de toros duraban según resultara bravío y furioso el animal. En cada día podían correr cuatro o cinco toros. Tal parece que las cornadas y muertes de los temerarios no alteraban la alegría del certamen. Simplemente eran sacados y las faenas continuaban. Las fiestas calaron hondo en todos los sectores de la sociedad neogranadina. Los indígenas, especialmente, tomaron una notable afición por los toros, llegando a desarrollar formas muy particulares de lidia. Oviedo señala que llegaron a ser famosos para torear los indios de Coyaima, Natagaima y Ataco. Los negros, de quienes se ha dicho que carecían de espíritu para la fiesta brava, hicieron memoria en Santafé, Cali, Medellín y Cartagena. Los religiosos neogranadinos jamás estuvieron ausentes de esta festividad y ocupaban palco preferencial. En Pamplona, por ejemplo, las monjas del convento carmelita, que quedaba en un costado de la plaza, llegaron a ser sancionadas por el griterío que formaban asomadas en las ventanas los días de toros.

Al finalizar el siglo XVII, las autoridades eclesiásticas de Santafé se vieron precisadas a prohibir las corridas de toros, cumpliendo una orden de Roma. El presidente Diego Córdoba Lasso de la Vega logró restablecerlas a principios del siglo XVIII, con la condición de que «con ningún pretexto ni causa, llegada la noche desde las Ave Marías, no salgan ni corran a caballo, ni saquen toro dentro del lugar ni sus arrabales hasta la hora común del alba, como ni tampoco al tiempo que se celebran los oficios divinos; pena al transgresor del perdimento del caballo y silla y dos meses de cárcel». Según las quejas que se presentaban, los aficionados echaban toros a correr por las calles a cualquier hora del día o de la noche, y sin respetar las horas de misa. En Tunja, en 1624, se jugaron toros para celebrar la beatificación del jesuita San Francisco de Borja, como lo relatara el cronista Pedro de Mercado.

Con la creación del virreinato y el establecimiento de Santafé como su capital, las corridas de toros se incrementaron y enriquecieron en boato. La llegada al trono de cada monarca o el arribo a la ciudad de un nuevo virrey eran motivo de festividades que obligadamente incluían corridas de toros. Una de estas celebraciones siguió a la jura de Femando VI. El 29 de mayo de 1749 hubo una gran cabalgata de antorchas y carros alegóricos. En los días 30 y 31 se festejó con fuegos artificiales fabricados por un francés y pagados por los gremios, y en las calles -se dijo- nunca cesaron las chirimías. A estas fiestas siguieron cinco días de toros en la plaza mayor. Para ello, el contador Arce y Nicolás Burgos se convirtieron en empresarios y construyeron los palcos y el cerco. En los palcos habían acondicionado 300 puestos que aspiraban a alquilar a 15 pesos, suma imposible de pagar por los santafereños, por lo que se vieron obligados a rebajarlos a medio real.

Sin embargo, fue en el gobierno del virrey José Solís cuando las corridas de toros se convirtieron en el espectáculo más concurrido y disfrutado. Poco después de su llegada, el cabildo llamó a cinco días de toros en honor del virrey, quien los presidiría desde el palco principal. Se iniciaron con un paseo a caballo de los dos alcaldes y sus subalternos, para despejar la plaza. A continuación pidieron licencia a Su Excelencia el señor virrey y al reverendo arzobispo, para que por medio de su venia se diera inicio a la función. Entonces el capitán de guardia subió al balcón de Palacio a recibir órdenes del virrey, y la tropa, al mando de un alférez quedó formada frente al vasto edificio. Según la crónica que sobre esta fiesta escribió Pedro María Ibáñez, luego de la corrida, que fue brillante y aplaudida con frenético entusiasmo, «como sucede siempre en los pueblos que tienen mezcla de sangre española», el virrey obsequió en palacio un delicioso refresco a la Real Audiencia, a los empleados y a las damas de la nobleza, ágape que se repitió en los dos días siguientes. Tres años después, en 1756, informado el cabildo de que el hermano del virrey había recibido la investidura de cardenal, preparó un homenaje especial. En esta ocasión las corridas de toros duraron seis días, con participación de toreros de Honda y un grupo de música dirigido por el maestro José de Vargas y Groot.

Correspondió al propio virrey Solís preparar el festejo del ascenso al trono de Carlos III. Para ello, hizo cercar la plaza, en las esquinas se colocaron grabados alegóricos de las cuatro partes del mundo y en el centro, alegoría de los tres tiempos. Se hizo construir un balcón especial adornado con distintas pinturas y revestido de damasco. Los balcones del palacio, del cabildo, del eclesiástico, del alférez real y el de la aduana, ostentaban espejos, arañas, cornucopias e imágenes en plata del rey. El primer día se hizo la Jura y desfilaron los caballos bellamente enjaezados. En las noches hubo fiestas de fuegos artificiales a cargo de los gremios de plateros, sastres, zapateros, comerciantes y pulperos. Para las corridas hubo hombres vestidos de uniforme con penachos en la cabeza, a modo de mitras, encargados de puyar a los toros. Los hombres de a caballo y a pie estaban muy bien vestidos. No obstante, quien hizo el deleite del público en aquellas tardes fue un español que llegó con un negro, en el cual se subía como si fuese caballo y hacía con una lanza la suerte de los toros más bravos. El chapetón y el negro quedaron en la memoria como quienes habían hecho las suertes más extraordinarias. Un indio, también montó un toro y anduvo toda la plaza como buen jinete.

Poco debía imaginar el virrey Solís que el monarca que homenajeaba al poco tiempo de subir al trono aboliría las corridas de toros en sus dominios. Carlos III, como muchos ilustrados de la época, condenó las fiestas de toros y las estigmatizó considerándolas propias de gente bárbara y baja. Es muy probable que corresponda a la época de Carlos III el surgimiento de la simulación de la corrida de toros llamada «vaca loca». Diversión muy popular y que hasta hace pocos años se encontraba en todos los pueblos colombianos. Consistía este juego en fabricar una armazón de madera en forma de toro; en su interior se colocaba una persona para manejarlo. Su tarea era llevarlo en dirección a los grupos de gente. Para darle mayor aliciente al espectáculo, en los cuernos del toro se colocaban unas estopas que empapaban con brea y a las cuales prendían fuego. Los espectadores y participantes tenían que avivarse para no salir chamuscados, hecho que producía gran alborozo.

En España, durante este siglo XVIII, el toreo sufrió grandes transformaciones. Se pasó del toreo a caballo al de a pie. La nobleza se retiró de las plazas y dejo el lugar a las clases más bajas. A cambio, aparecieron las cuadrillas de banderilleros, las banderillas, la muleta y el estoque en la suerte de matar. De ésta época son las figuras legendarias de Pepe Romero, Pepe-Hillo y Gerónimo José Cándido, que ya vestían calzón corto, chaqueta y coleta. Se dice, además, que fue en 1740 cuando el torero Ronda inventó el estilo que hoy se llama de matar recibiendo. En el Nuevo Reino de Granada la disposición de Carlos III fue acatada de manera contradictoria. El virrey Pedro Messía de la Cerda, sucesor de Solís, cordobés y gran amante de los toros, mantuvo el respeto hacia el monarca y nunca promovió estas festividades desde su despacho. No obstante, en su casa de campo situada en El Aserrío, que luego fue de Antonio Nariño y de Domingo Caycedo, organizaba novilladas para su propia diversión y la de sus amigos, conformadas, como era de esperarse, por lo más selecto de la sociedad santafereña. Del virrey Messía se dice que dejó un notable escrito llamado «Discurso sobre la Cavallería del Torear». Alguien que le siguió los pasos fue su pupilo Josef Daza, «tan hábil en practicar como docto en explicar». Con la muerte de Carlos III, en 1788, las corridas volvieron a celebrarse públicamente. Desde entonces, aun en las fiestas de Corpus Christi, San Juan y San Pedro se corrieron toros.

En Medellín y Cali las fiestas de toros no eran menos esplendorosas. En Medellín, una de estas celebraciones fue comentada de la siguiente forma por el escribano del cabildo: «el primer día hubo sermón con muchas luces de cera en todo el retablo, procesión en la forma prevenida, y hachas encendidas y alarde ostentoso de gente numerosa y principal en que se dio al fuego cantidad considerable de pólvora. Ya acabada esta función se lidiaron por la tarde ocho toros en la plaza pública en que salió mucha caballería de gente principal, costosos y lucidos jaeces y caballos lósanos, de los cuales hubo algunos heridos y muertos, y por la noche luminarias por los balcones de la plaza y calles. Y en el segundo día siguieron en la misma celebración así en el culto divino como en la plaza de caballería y toros medianos, por ser día feriado, que se lidiaron de a pie, en que también se Jugaron lucidas escaramuzas. Y el tercer día celebraron los eclesiásticos el culto divino con bastante ostentación y lucimiento y mucha cera labrada y por la tarde hubo corrida de seis toros con el producto que se recogió de las mandas de unos y otros». Estas fiestas se hicieron «sin discordia alguna, antes bien con toda concordia, urbanidad y paz, así en lo principal de los habitantes como en la plebe». Y, en Cali, los gremios de españoles, montañeses y pardos se distribuían el encierro de la plaza y la organización de las comedias, las mojigangas y los matachines. Los hacendados caleños, figuras principales en estas fiestas, aportaban los toros y hacían de capitanes en el desfile a caballo.

Correr toros, jugar toros y torear fueron algo más que pasatiempos ocasionales en la época colonial. Y aunque en un comienzo eran una distracción de españoles, pronto se transformaron en un espectáculo popular. Fue una fiesta integradora de los distintos estamentos de la sociedad y el escenario ideal para la demostración del estatus de cada uno. En ellas podemos, así mismo, percibir la particularidad de la vida en las colonias: mientras en la metrópoli se prohibía la fiesta, en las poblaciones americanas más apartadas se las vivía sin quebrantos.



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